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ARTUSI: 759. Helado de crema


Utilizad la receta nº 685, y entonces haced una crema con 1 l de leche. 200 gr de azúcar. 8 yemas de huevo. Aroma de vainilla.
Probaréis un helado exquisito, cremoso espeso, si sabéis trabajarlo. Estas cantidades puede ser suficiente para diez personas. En lugar del aroma de vainilla, podéis darle a la crema el de cilantro, o del café tostado, o de la almendra tostada. Para el cilantro ved la Leche a la portuguesa, nº 693; para el café haced hervir a parte en la leche varios granos cerrados, para la almendra tostada haced un poco de Crocante, como el del nº 617, algo más cocido con 100 gr de almendras y 80 gr de azúcar; trituradlo fino, hacedlo hervir a parte en un poco de leche, pasadlo y unidlo a la crema.

AÑO II

Había (porque, desde luego es una de esas películas que no se quedan...) una del controvertido, polémico enfant-terrible, víctima, delincuente y gran director de cine Roman Polanski, cuyo título tradujo -creo que erróneamente- la filmoteca de Madrid como "Qué, qué, qué". Es algo así como un ensayo libertario (post-traumática, consecuente e ineludible respuesta a una represión sexual anterior en la historia) que  seguramente retratará bien una época políticamente incorrecta, pero que a mis ojos e intelecto resultó zafio y aburrido... Pero me he acordado de esta película al releer el título que puse a este post que ahora comparto, que le llamo hoy AÑO II y que le subtitulo como lo llamé en su día -erróneamente también, creo:)

¿Porqué? ¿Porqué? ¿Porqué?. Una propuesta para acompañar la cocina clásica en equilibrio con las nuevas tendencias de nutrición para una comida saludable. Guarniciones propuestas por el caracol

El Año II de El Caracol Picante ha significado una propuesta más amplia que la que venía desarrollándose durante el periodo anterior. Quizá estemos todavía buscando una temática en la que centrar nuestra aportación como cocineros, aunque son muchos los temas que nos interesan y quizá sigamos dedicándonos a hablar de lo que nos apetezca sin marcarnos otra línea tan señalada como la previa de la traducción de textos o recetarios, que no dejamos.

Continuamos nuestro trabajo de traducción de grandes clásicos de la cocina italiana en dos periodos históricos muy significativos, il quattrocento e l'ottocento.

¿Porqué el Maestro Martino?

El quattrocento representa dentro de la historia de la humanidad llamada "occidental", es decir, Europa, el punto álgido de dominación política de la iglesia católica apostólica antes de su primer cisma, el del hombre, el renacimiento. El Maestro Martino vivió, siendo un poco más mayor, la misma época  que Leonardo da Vinci (quien también gustó de escribir de cocina y nos dejó el ahora llamado Codex Romanoff, datado en torno al 1490, unos treinta años más tarde que el que nos ocupa).

Para iniciarse, este libro 
de la Editorial Planeta.

El Maestro Martino es sin duda un hombre del renacimiento, aunque daba de comer a, seguramente damas también, y caballeros que todavía ya andaban en la edad media, el clero. Por lo que llevamos traducido, no tenemos ninguna duda para afirmar lo que hemos dicho. En la edad media, el gusto por el jengibre estaba muy extendido. Con el jengibre se consigue frescor en la boca y ligereza en el aliento. Sus propiedades balsámicas son también conocidas desde muy antiguo, suaviza la garganta y relaja el sistema respiratorio. Y estamos seguros de que son muchas más las ventajas de este tubérculo picante y fresco. Aunque hay paladares que no lo toleran (como el nuestro, lo reconocemos). El capítulo III del "cocquinaria" del Maestro Martino, dedicado a las salsas, nos hizo evidente lo del jengibre, podéis ver que no son pocas las recetas propuestas con este ingrediente. Un cocinero no hace eso... Un cocinero no utiliza tan prolijamente un mismo ingrediente a no ser que esté "de moda" y tenga que gustar a sus comensales de paladares habituados. ¿Qué hace Martino? Pone jengibre en casi todas las salsas porque la salsa es uno de esos componentes del plato de los que puede prescindirse cuando el asado (o lo que se tercie) está bueno, y esto suele ser cuando está bien hecho...  Lo que nos gusta del Maestro Martino es que hoy en día sigue teniendo muchos méritos para ser maestro. Gracias a él hemos conocido un buen número de usos y beneficios de la vid, más allá del fruto maduro y de sus vinos y derivados: hemos conocido el agraz, muy utilizado todavía en la actualidad en la cocina alemana y francesa, por ejemplo, de hecho no es difícil en estos países hacerse con agraz en el mercado; hemos conocido el uso de las pámpanas (hojas tiernas de la vid) como ingredientes, también de los zarcillos (esos tallos tiernos y anillados con los que la planta se agarra a sus asideros. El Maestro Martino es un cocinero con buena mano, muy dentro del sistema (trabajaba para el camerlingo del papa de Aquilea), no tiene formación... su lenguaje es a veces parco y otras incluso redundante, sin estilo, escribe en vulgo, que es un italiano antiguo mal escrito y mal hablado (el equivalente a lo que sería en España el latín vulgar que dió paso a las lenguas romances, si no nos equivocamos...). En fin, retomemos el hilo que no queremos perder, se sabe poco de él, tenemos su libro... Nuestras conclusiones son más bien elucubraciones, este es un dato que nos gustaría que se tuviese muy en cuenta a la hora de juzgar nuestro atrevimiento al imaginarnos la personalidad de este cocinero (traducir es lo que tiene... requiere de una cierta empatía) Parece ser que al Maestro Martino se le reconoce la autoría de sus recetas, que no se dedica a recopilar... Esto nos cuesta creerlo, precisamente por lo que decíamos antes, era cocinero de alguien a quien seguramente le apetecería comer alguna cosa que le hubiera dado su madre cuando era pequeño, él mismo también habría comido de pequeño algo que alguien le hubo dado, seguramente su madre también... Es imposible que las cosas surjan de la nada. En El Caracol Picante no creemos en iluminaciones divinas, y tampoco somos mitómanos... Y dicho esto, y a pesar de ello, si así fuera, si el Maestro Martino fuese un alma blanca que espera la visita de "la idea" para inventarse sus recetas, a él le deberíamos por ejemplo los buñuelos (a los que tiene dedicados un capítulo entero que ya traduciremos cuando terminemos con las tartas que ahora nos ocupa) o un estilo de estas tartas que hoy en día siguen realizándose en plan fácil con masa quebrada, aunque hayan cambiado sus fórmulas para el relleno (se han dejado de usar algunas grasas animales, fundamentalmente). Con las recetas antiguas hay que saber poner la distancia, pero eso es lo divertido para un cocinero ¿no?


¿Porqué Artusi?

"La ciencia en la cocina
El arte de comer bien"

Del ottocento nos ocupamos a través de Artusi que es un hombre que como cocinero escritor también se adelantó a su época... Y también le fueron reconocidos en vida sus méritos. Él sin embargo, es un hombre ilustrado, de su época, seguramente sencillo, pero muy honesto y sincero al contar (se hace evidente al leerle). Las técnicas de sus recetas son objeto de los talleres de cocina que desde El Caracol Picante vamos proponiendo, cada vez con más aceptación y a nuestro ritmo (somos caracoles), y muy conscientes de estar fuera de cualquier circuito, tendencia, moda y preferencia en el sector. Nosotros apostamos por el exquisito paladar de la cocina clásica, no podemos evitarlo; pero necesitamos reivindicar la buena factura, la elaboración correcta, y de eso Artusi es un muy buen ejemplo y muy accesible, por cierto. Cómo decirlo, tiene buen buen gusto y sobre todo la textura correcta, que cuando se habla de textura en cocina clásica se habla del punto justo de cocción o frescura para que el alimento sea tal. Como bien escuchamos en un feliz momento, podría resumirse así lo que decimos, lo frío, frío y lo caliente, caliente. Pero no se trata de ser muy estricto, hay muchos productos susceptibles de diferentes técnicas y procesos, por eso se trata de conocer bien por un lado la técnica y por otro el producto y después pues, la verdad, lo que entra en juego es el propio gusto para elegir la que más te apetezca, que siempre será lo mejor... Es decir, y por volvernos muy gráficos otra vez, si hay paladares que no saben comer la carne más que muy hecha, qué bueno sería que supiesen cuales son las carnes que admiten ese punto (pero este es un tema del que no quiero hablar).

Los del caracol picante, somos cocineros que no pertenecemos a grupos o tendencias aunque sí nos podamos sentir identificados con algunas, pensamos en el slowfood, el kmO, el kaiseki, la vieja cocina de mercado (porque si te vas hoy al mercado hay a veces más oferta de fuera que de la tierra en la que vives), ¡cómo no va a estar el mundo en crisis, si llevamos empeñándonos desde hace siglos en rutas comerciales cada vez más rápidas! Pero no hay crisis malas. Cada vez más se demanda lo que se está dando en llamar "comida de la abuela" "para que todos nos entendamos"... Aunque ya hayan llegado a abuelos los de la generación que ya solo compran si las cosas están empaquetadas, estamos de acuerdo que hablamos de "la cocina en peligro de extinción". Y puestos a recuperar... ¡recuperemos lo bueno!

Nosotros queremos hacer notar que son muchas las cosas buenas que se han conseguido últimamente en las cocinas en cuanto al poder nutritivo de las cosas hechas correctamente o, incluso, no cocinadas. Por todos es sabido que, por ejemplo, la mejor forma de cocinar una buena seta es "tocarla" lo menos posible, en el caracol, por ejemplo, no conocemos una forma mejor de comernos un buen boleto fresco y reciente que en carpaccio.

Las combinaciones de los alimentos y sus proporciones para obtener los hidratos, las vitaminas y las proteínas necesarias son otros factores muy interesantes a tener en cuenta a la hora de escoger un plato o un menú equilibrado, así como el momento en el que se va a comer... En el caracol, lo que hacemos es interpretar la cocina clásica (porque un cocinero es un intérprete) y proponer sus técnicas para asar, guisar, marinar o lo que se tercie como la base de unos platos que hoy han de comerse de acuerdo a esos conceptos de salubridad y nutrición que la ciencia nos aporta. Ni que decir tiene, que caben también algunas aportaciones de la técnica y la mecánica aplicada a la cocina para agilizar algunos procesos (y estoy pensando en los helados, por ejemplo).
Llegados a este punto, comprendemos que os preguntéis porqué todo esto. No podemos evitarlo, nos gustan las cosas bien hechas, como a todo el mundo...

Hay cosas que son incuestionables y el punto de cocción adecuado no es necesariamente el que recomiendan muchos "abuelos" y "abuelas" desinformados... El efecto de las vitaminas ingeridas al morder una judía fresca es muy evidente, los guisantes frescos crudos están tan ricos que deberían ofrecérselos a los niños en lugar de las tan perniciosas "chuches". Por lo general, a la gente que come más verdura cruda se la ve más guapa, más joven y tienen mejor humor. La cocina al vapor es mucho más saludable que la cocina de los hervidos. Ya Artusi en su tiempo se hacía eco al hablar del caldo de las entonces "nuevas" teorías médicas en cuanto a las propiedades nutritivas de los alimentos perdidas  en las largas elaboraciones... Los principales problemas de las intolerancias alimentarias (lactosa, gluten, por ejemplo) son los consecuentes trastornos para digerir ácidos, asumir minerales, etc, por la debilitación del sistema gastrointestinal. Entonces, cuando se sabía menos de esto (en la época de las abuelas) se tendía a cocinar mucho hasta dejar pasadas las legumbres, los granos, las verduras, los pescados, las carnes... todo. Y como pasa en todas las épocas hay cocineros con mejor información que otros, igual que las abuelas. Desempolvar viejos recetarios sin prejuicios y buscar en ellos lo que nos es útil todavía hoy está siendo una búsqueda mucho más fructuosa para nosotros de lo que nos habríamos imaginado... 


"El espíritu del caracol" (Taller de Artusi: Menú para fiestas, 2010)

Voy a ser fiel al "espíritu del caracol", describiendo una de mis últimas experiencias con la cocina de Artusi. He realizado un taller con un grupo de amigos a los que les he ido cocinando el siguiente menú para que tomen ideas para sus fiestas. Y cual es el "espíritu del caracol", pues leer e interpretar..., sin más palabras que las justas, que ya se sabe lo del buen entendedor...

Taller de Artusi:
MENÚ PARA FIESTAS (2010)

· Sopa rellena (versiones)

Entrantes:
· Bacalao Monteblanco (versiones)

Fiambre:
· Lengua escarlata (para sorprender con sencillez)
ó
Pastel de liebre (para impresionar con virtuosismo)

· Pescado marinado en vinagre y sapa
en Ensalada
(salmón, lenguado, o anguila)

· Lomo asado en leche con salsa trufada
(de cerdo ibérico, de ternera lechal)
ó

Postres:
· Zorama
(helado marmorizado)
· Milhojas de mazapán

El menú está elaborado a partir de “La Ciencia en la cocina y el Arte de comer bien” del cocinero toscano Pellegrino Artusi (s. XIX). Todos los participantes reciben un dossier con las recetas traducidas impresas. Se asiste a la elaboración de las recetas y sus preparaciones necesarias (arrope, salsa trufada, especias finas, mazapán...). Se dan ideas para su emplatado y se degustan.
 
Aproximadamente la mitad de las recetas de las que se compone el menú las había traducido ya y las tenía en el blog desde hace meses (están enlazadas), las otras las traduje específicamente para el taller y las comparto aquí abajo. Confieso que, en el taller, la única preparación que hemos evitado ha sido la masa de hojaldre (hemos sido prácticos), pero no me he resistido a compartir la traducción de la receta en "La Ciencia en la cocina y el Arte de comer bien"... Solo quiero añadir una cosa: ¿conocéis esa sensación después de un servicio en el que todo ha ido bien? ¡Qué agusto que me he quedado...!
La selección de las recetas obedecía a estas ideas de principio, que fuese un menú asequible tanto económicamente como de complejidad en la elaboración y en la obtención de los ingredientes, que contuviese técnicas poco conocidas y que dieran a conocer la singularidad del autor y su texto.
Para esta nueva entrada del blog, he querido superar estas ideas y proponer dos elaboraciones complejas del Artusi como opciones, me refiero al Chuletón de buey relleno asado (cuya traducción compartiré en el siguiente post a éste) y al Pastel de liebre  (recientemente traducido en el post anterior) al cual complementaré en nuevos post con las recetas en él referidas, como ha venido siendo mi habitual forma de trabajo. Esta última receta contiene esos viejos sabores de una época ya olvidada y que vale la pena rememorar en ocasiones especiales, ¿no?
· ARTUSI: 372. Pastel de liebre

· ARTUSI: 551. Cerdo asado en leche (del capítulo “Asados”)

Coged un trozo de lomo de cerdo de aproximadamente 500 gramos, saladlo y ponedlo en una cacerola con 2 ½ decilitros de leche. Cubridlo y hacedlo hervir despacio hasta que se haya consumido la leche, entonces subid el fuego para dorarlo y, obtenido esto, colad la grasa y retirad la pieza de carne para añadir en esos grumos de leche coagulada un chorro de leche fresca.

Mezclad y llevadlo a ebullición, y utilizadlo para untar lonchitas de pan, un poco tostadas, para servirlas de guarnición al cerdo cuando lo mandéis caliente a la mesa. Cocinado así el cerdo queda de gusto delicado y no es pesado.

· ARTUSI: 136. Salsa trufada (del capítulo “Salsas”)

Haced un picadillo muy triturado con un trocito de cebolla como una nuez de grande, medio diente de ajo y un poco de perejil. Ponedlo al fuego con 20 gramos de mantequilla y cuando haya tomado color añadid dos dedos de marsala o de vino blanco en el cual habréis desleído antes una cucharadita colmada de harina. Condimentad la salsa con una pizca de sal, una de pimienta y una de especias y removedla constantemente con el cucharón.

Cuando la harina haya ligado, añadid un poco de caldo y después echad en esta salsa lonchas finísimas de trufa. Dejadla todavía un momento al fuego y utilizadla para acompañar chuletas de ternera fritas, bistecs u otra carne asada.

Os advierto que el vino, como condimento, no se lleva bien con todos los estómagos.


· ARTUSI: 774. Zorama (helado marmorizado) (del capítulo “Helados”)

Si os apetece hacer un helado, marmorizado en blanco y negro, esta es la manera:
Primeramente poned en remojo en agua fresca tres hojas de cola de pescado y entretando preparad una crema con:

100 gr. de azúcar. 80 gr. de chocolate en polvo. 3 yemas de huevo. 3 dl. de leche.

 Cuando esté fría añadidle las tres claras montadas y después 150 gramos de nata montada, como la que preparan los lecheros, mezclando de manera que el blanco de ella aparezca esparcido aquí y allá. Después disolved al fuego en un chorro de agua las tres hojas de cola de pescado y este líquido así caliente esparcidlo sobre la mezcla removiendo. Entonces vertedlo en el molde de helados o en otro vaso mojado con licor y cerrado herméticamente, teniéndolo durante tres o cuatro horas rodeado y cubierto con mucho helado mezclado con sal.

Puede ser suficiente para ocho personas.

· ARTUSI: 566. Milhojas de mazapán (del capítulo “Pastelería”)

Haced una masa de hojaldre con las proporciones y cantidades del nº 154.

Cuando esté extendida, cortadle dos grandes círculos del tamaño de un plato común, con grandes festones en los bordes.

Encima de uno de ellos, dejando un poco de margen, extended la masa del mazapán del nº 579, que debería quedar con una altura de un centímetro aproximadamente; después superponedle el otro círculo de masa de hojaldre, uniendo los bordes con un dedo mojado en agua. Dorad la superficie del hojaldre con yema de huevo, cocedla al horno o en un horno de leña y después espolvoreadla con azúcar lustre. Esta cantidad será suficiente para siete u ocho personas y veréis cómo este dulce será muy apreciado por su delicadeza.

· ARTUSI: 154. Masa de hojaldre (del capítulo “Masas y rebozados”)

La belleza de esta masa está en que, al subir, se deshoje bien y quede ligera, por lo tanto es de difícil factura para quien no tenga mucha práctica. Sería necesario verla hacer a un maestro capaz; pero no obstante procuraré enseñárosla lo mejor posible, si soy capaz.

200 gr. de harina fina o de Hungría. 150 gr. de mantequilla.

O si no:

300 gr. de harina. 200 gr. de mantequilla.

Trabajad en invierno la harina con agua caliente, pero no hirviendo; sal al punto, una cucharada de aguardiente y una nuez de mantequilla, retirándola de los mencionados 150 ó 200 gramos. Cuando tengáis formado un pan no demasiado sólido ni demasiado ligero, trabajadlo muchísimo, media hora por lo menos, primero con las manos, después tirándolo con fuerza contra la mesa de trabajo. Haced un pan rectangular, envolvedlo en un paño y dejadlo un poco en reposo. Entretanto trabajad la mantequilla, si está dura con una mano mojada en agua sobre la mesa de trabajo para dejarla pastosa y tierna por igual; después formad un pan como el de la harina y echadlo en un cántaro de agua fresca. Cuando la masa haya reposado retirad la mantequilla del agua, secándola con un paño y enharinándola muy bien.
Estirad la masa con el rodillo solo lo necesario para envolver la mantequilla dentro del pan. Ésta se pone en el medio y se le echan encima los lados de la masa uniéndolos con los dedos y procurando que se adhiera a la mantequilla por todas partes de manera que no quede aire entremedias.
Comenzad entonces a estirarla primero con las manos, después con el rodillo reduciéndola la primera vez todo lo que podáis, cuidando de que no se salga la mantequilla. Si esto ocurre echad enseguida, donde aparezca la mantequilla, un poco de harina y espolvoread también a menudo la mesa de trabajo y el rodillo para que la masa se deslice y se extienda debajo de éste. A continuación de la primera extensión, plegad la masa en tres, como estarían tres hojas superpuestas y de nuevo extendedla con un discreto grosor. Esta operación repetidla durante seis veces en total, dejando de gesto en gesto reposar la masa durante diez minutos. A la última, que sería la séptima, plegadla en dos y reducidla al grosor que se necesite, es decir, algo menos de un centímetro.
Efectuado este último pliegue, procurad dar a la masa, cada vez que la tiréis, la forma rectangular, tres veces más larga que ancha, y si apareciesen burbujas, por el aire que haya quedado, agujereadlas con un alfiler.
Mejor que una mesa común de trabajo, serviría una tabla de mármol que es más fría y más lisa.
En verano es necesario el hielo, tanto para endurecer la mantequilla antes de trabajarla, como para estirar mejor la masa, lo cual se consigue pasando el hielo, cuando sea necesario, sobre la masa misma dentro de un paño muy fino o, mejor puesta entre dos platos cubiertos de hielo. Con la masa de hojaldre se hacen, como sabéis, los vol-au-vent, los pasteles con mermelada o conserva, y tartas rellenas de mazapán. Si queréis hacer pasteles para entremeses, entonces rellenadlos con un picadillo delicado de carne, higaditos y mollejas; pero de todas las formas estas masas van doradas con yemas de huevo en la superficie pero no en los bordes para no impedir que suban. Si se usan para dulces, espolvoreadlas calientes con azúcar lustre.

· ARTUSI: Mazapán (extracto de la receta nº 579 del capítulo “Pastelería”)

120 gr. de almendras dulces, peladas, con tres amargas. 100 gr. de azúcar. 15 gr. de mantequilla. 15 gr. de naranja confitada. Una yema de huevo.

Triturad en el mortero las almendras con el azúcar, añadid después la naranja a trocitos, y con la mantequilla, la yema de huevo y una cucharada de agua hacedlo todo una masa.




La Ciencia en la cocina y el Arte de comer bien, Pellegrino Artusi: Helados (Índice)

757. Helado de melocotón
758. Helado de albaricoque
759. Helado de crema
760. Helado de almendras amargas
762. Helado de guindas
763. Helado de naranja
764. Helado de grosella
765. Helado de tuttifrutti
766. Helado de plátano
767. Helado de pistacho
768. Helado de turrón
769. Helado de castañas
770. Ponche a la romana
772. Macedonia
774. Zorama
775. Café con leche helado

ARTUSI: HELADOS

Leíase en un periódico italiano que el arte del helar pertenecía eminentemente a Italia, que el origen de los helados es antiguo y que los primeros helados en París fueron servidos a Caterina de Medici en 1533. Añadía que el secreto quedó en el Louvre puesto que los pasteleros, cocineros y heladeros florentinos de la reina, no compartieron con ninguno el conocimiento de su arte, de modo que los parisinos esperaron más de un siglo todavía para degustar el helado.
Por muchas pesquisas que yo haya hecho para depurar estas noticias, no he conseguido nada. Lo que os mantengo cierto sobre este tema es esto, es decir: que el uso de las bebidas heladas, con ayuda de la nieve y del hielo en conserva, es de origen oriental y remonta a la más remota antigüedad y que la moda de los helados fue introducida en Francia hacia el 1660 por un tal Procopio Coltelli, de Palermo, el cual abrió con su nombre -Café Procope- un negocio en París frente al teatro de la Comédie française y aquel era el punto de encuentro de todos los felices ingenios parisinos. La rápida fortuna de este café, donde comenzó a darse a los helados la forma de un huevo y de una huevera al vaso que lo contenía, empujó a los vendedores de limonada y bebidas diversas a imitar su ejemplo, y entre ellos hay que recordar a Tortoni que con la moda de sus deliciosos helados logró emprender un café de fama europea y enriquecerse.
Según atestiguan Ateneo y Séneca, los antiguos construían los heleros para conservar la nieve y el hielo, de forma muy parecida a la que empleamos nosotros, es decir: escavando profundamente el terreno y cubriendo la nieve y el hielo, después de haberlos pillado bien, con ramas de alcornoque y paja; pero no conocían todavía las virtudes de la sal que junto al hielo refuerza maravillosamente su acción para convertir en sorbete cualquier tipo de licor.
Estaréis casi seguros de acertar con el gusto de casi todos los comensales si al final de una comida les ofrecéis unos sorbetes, o un helado, especialmente en verano. El helado, además de satisfacer el gusto, teniendo la propiedad de reclamar calor para el estómago, ayuda la digestión.
Ya que ahora, habiéndose extendido el uso de las sorbeteras americanas de triple movimiento sin necesidad de espátula, se puede helar con menos embrollo que antes y con mayor solicitud, sería un pecado no recurrir a menudo al voluptuoso placer de esta agradable bebida.
Para economizar en gastos, se puede recuperar la sal, haciendo evaporar al fuego el agua de la congelación.

"Comentarios al margen (Pesquisas propias)":
Carmen Caracol Picante


Este capítulo, y la historia de los heladeros de Caterina de Medici que no compartieron su secreto con nadie, me sugiere una muy especial mención a una merienda que tuve la fortuna de probar en Llanes (Asturias). No he comido nada más rico desde entonces, el Peña Santa. Había que llegar al establecimiento antes de las seis. Era un café situado en el centro del pueblo, en toda la curva de la carretera que entonces atravesaba Llanes, hace más de veinte años. El café, de viejo, seguramente conoció sus mejores años de la mano del teatro, ¿el Pérez Galdós?, creo que sí -ya entonces cerradísimo-, frente al puerto. Precioso. Los Peña Santa los preparaba una anciana mujer que se metía en la cocinilla a la hora del café y a las seis en punto ya no hacía ni uno más. Se apostaba en la puerta una joven, familiar creo, que no dejaba que nadie se asomase o acercarse mientras trabajaba la abuela. Me contaron que pastelerías de Oviedo le habían ofrecido a la anciana mucho dinero por contar el secreto de su masa, pero no soltaba prenda la mujer. Era un chaud-froid, en el interior un delicioso helado, me atrevo a recordar que un finísimo biscuit, lo cubría una especie de cremosa tortita de sabor ligeramente avainillado apenas calentada que se deshacía en boca y colocada en forma de cono cubriendo el helado. De ahí le venía el nombre, la forma cónica del postre evocaba el Peñasanta, un pico en las montañas de los alrededores. Como véis fue tan poderoso el descubrimiento de aquella delicia para mi paladar inexperto de veinteañera que aún lo he podido describir. Recuerdo de aquel viaje por Asturias que me llamó la atención la delicada y exquisita pastelería que hacían.



Encontramos también en este capítulo, un dato histórico que ayuda a conocer los antecedentes del tan famoso Café Tortoni porteño, ya que gracias a Artusi, sabemos que el Tortoni parisino que ellos mismos mencionan en su web, se inspiró en el anterior Café Procope. Es decir que los italianos llevaron a París su negocio y desarrollaron allí una fórmula que los franceses llevaron a Buenos Aires. Café Tortoni, Buenos Aires



A propósito de los heleros, me cuentan que desde tiempos de Felipe II se habían utilizado los neveros naturales de la sierra madrileña más cercanos al Monasterio de El Escorial para conservar los alimentos de la corte, la caza fundamentalmente.


ARTUSI: 754. Helado de limón


300 gr. de azúcar blanco fino. Medio litro de agua. 3 limones.

Pudiendo, es mejor usar limones de jardín que tienen mejor sabor y mayor fragancia que los forasteros, que saben mal a menudo. Haced hervir el azúcar en el agua con algún trozo de cáscara de limón durante 10 minutos sin tapar la cacerola. Cuando este almíbar esté frío, exprimid dentro los limones, uno a uno, probando la mezcla para controlar el ácido; coladlo y vertedlo en la sorbetera. Esta cantidad puede servir para seis personas.

ARTUSI: 756. Helado de frambuesa

La frambuesa siendo un fruto que, a excepción de su especial aroma, es casi idéntico a la fresa, para helarlo regíos de la misma forma y excluid la naranja.

ARTUSI: 753. Helado (Biscuit)

Haced una crema con:

140 gr. de agua. 50 gr. de azúcar. 4 yemas de huevo. Aroma de vainilla.

Ponedla al fuego, removiéndola continuamente, y cuando comience a pegarse al cucharón, retiradla y montadla con la batidora; si necesitase mucho tiempo para montar, poned el cuenco sobre hielo, después verted poco a poco dos hojas de cola de pescado disueltas al fuego en un chorro de agua. Cuando esté montada, unid a la misma, despacito 150 gr. de nata montada y poned la mezcla en un molde hecho a propósito para los helados o también en una cacerola o vaso de cobre todo cubierto, dejándolo helar durante tres horas por lo menos, en medio de una gran capa de hielo y sal. Estas medidas serán suficientes para siete u ocho personas y será un dulce muy agradable.

ARTUSI: 771. Espumón de té

250 gr. de nata montada, como la que preparan los lecheros. 200 gr. de agua. 100 gr. de azúcar. 15 gr. del mejor té. 3 yemas de huevo. 3 hojas de cola de pescado.

Verted el agua hirviendo sobre el té y mantenedlo así infusionando en estado casi de ebullición, durante 40 minutos. Después pasadlo por un filtro, estrujando fuerte para extraer todo el sabor, y veréis que aparecerá negro como el café.
Con este líquido, con las yemas de huevo y con el azúcar haréis una crema como la del nº 753, y rigiéndoos de la misma manera, añadiréis la cola, después uniréis la crema a la nata montada mezclando despacio y, vertida la masa en un molde de helado, la pondréis entre el hielo y la sal como el biscuit. Será suficiente para ocho personas.

ARTUSI: 761. Helado de chocolate

Un litro de leche. 200 gr. de chocolate fino. 100 gr. de azúcar.

Rallad el chocolate y ponedlo al fuego con el azúcar y con cuatro decilitros de la leche en una cacerola estrecha. Hacedlo hervir algún minuto, batiendo continuamente para que se refine. Retiradlo del fuego, añadid el resto de la leche y verted el compuesto en la sorbetera cuando esté frío. Esta cantidad puede ser suficiente para diez personas. Si queréis este helado más sustancioso llevad la cantidad del azúcar a 120 gramos y añadid dos yemas de huevo cuando retiréis el chocolate del fuego y deje de hervir. Mezclad y volvedlo al fuego durante algún minuto y después, como se ha dicho, añadid el resto de la leche.

ARTUSI: 755. Helado de fresa

300 gr. de fresas bien maduras. 300 gr de azúcar lustre. Medio litro e agua. Un limón de jardín grande. Una naranja.

Haced hervir el azúcar en el agua unos diez minutos a cacerola descubierta. Pasad por el tamiz las fresas y el jugo de naranja y del limón, añadid el sirope después de haber pasado también ésto, mezcladlo todo y verted el compuesto en la sorbetera. Esta cantidad podrá bastar para ocho personas.

ARTUSI: 773. Helado de leche de almendras

Describo para vosotras, señoras de gusto delicado y fino, el siguiente helado, persuadido de que lo agradeceréis mucho; y como al componer estos platos he dirigido muy a menudo mis pensamientos hacia vosotras, con el fin de interpretar y satisfacer también vuestro gusto, no me puedo despedir sin auguraros que conservéis por mucho tiempo las envidiables virtudes de la florida salud y de la belleza.

200 gr. de azúcar. 150 gr. de almendras dulces con 4 ó 5 amargas. 8 dl de agua. 2 dl de nata. Aroma de agua de azahar o de cilantro.

Poned a hervir el azúcar en el agua durante diez minutos con los cilantros, como en la Leche a la portuguesa, nº 693, si queréis este aroma. Pelad las almendras, trituradlas finísimas en el mortero diluyéndolas con alguna cucharada del sirope obtenido y mezcladlas al mismo.
Después pasadlas por un paño de tejido ralo exprimiendo bien hasta extraer de las almendras toda la sustancia posible, repitiendo más veces la operación desde el mortero, si es necesario. Añadid la nata al líquido exprimido, heladlo en la sorbetera y cuando esté bien sólido servidlo en vasos. Esta dosis podrá bastar para nueve o diez personas.