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ARTUSI: 64. Sopa de ranas


Algunas costumbres del mercado de Florencia no me van. Cuando os limpian las ranas, si no tenéis cuidado, tiran los huevos que son lo mejor. Las anguilas se pelan. Las piernas y los lomos del cordero se deben vender enteros.
De las vísceras del cerdo se reserva el hígado y el redaño; de las de ternera lechal, el hígado y las mollejas; el resto, incluido el pulmón que, estando tierno podría servir, como en otros pueblos, para un frito mixto, se cede a las casquerías que ordinariamente venden estos despojos para caldo. Quizá caerá en sus manos la llamada tripa de ternera lechal nunca vista en este mercado; pero en Romaña se da también, y, en época de guisantes, hecha asada con un trozo de lomo, queda tan buena como para preferirse a éste.
Antes de describiros la sopa de ranas quiero deciros algo de este anfibio del orden de los batracios (rana esculenta), porque verdaderamente merece ser comentada la metamorfosis que hace. En el primer periodo de su existencia se ven las ranas deslizarse en las aguas con forma de un pececillo todo cabeza y cola que los zoologos llaman renacuajos. Como los peces, respira por branquias primero externas, en forma de dos plumillas, después internas, y nutriéndose en este estado de vegetales tiene el intestino como el de todos los herbívoros, comparado con el de los carnívoros, bastante más largo.
A cierto punto de su evolución, cerca de los dos meses del nacimiento, pierde, por reabsorción, la cola, sustituye las branquias por los pulmones y sacando las articulaciones, es decir las cuatro patas que antes no estaban, se transforma completamente se hace rana. Nutriéndose entonces de sustancias animales, es decir de insectos, el intestino se acorta para adaptarse a este tipo de comida. Por tanto es errónea la creencia popular de que las ranas estén más gordas en el mes de mayo porque comen grano.
Todos los anfibios, incluidos los sapos, son a mal perseguidos por el pueblo siendo de gran utilidad en agricultura, en los huertos y en los jardines especialmente, por la eliminación de lombrices, de caracoles y de tantos insectos de los que se alimentan. La piel del sapo y de la salamandra exuda, es verdad, un humor agrio y venenoso; pero en tan pequeña dosis respecto a la mucosidad a la que va unida, que no puede causar ningún daño. Y es propio por esta mucosidad que la salamandra segrega en abundancia, que le hace poder resistir por algún instante al ardor del fuego, que dio lugar a la fábula de que este anfibio esté dotado de la virtud de permanecer indemne en medio de las llamas.
El caldo de las ranas, siendo refrescante y suavizante está recomendado en las enfermedades del pecho, en las inflamaciones lentas de los intestinos y es oportunamente usado al final de las enfermedades inflamatorias y en todos los casos en los que el enfermo necesita una nutrición no estimulante.
Las carnes blancas, como las de las ranas, corderos, cabritos, pollos, faisanes, etc., siendo pobres de fibrina y ricas de albúmina, convienen a las personas de aparato digestivo delicado y muy impresionables y a quien no fatiga los músculos con trabajos materiales.
Pero vayamos a la sopa de ranas: dos docenas de ranas, si son grandes podrían incluso ser suficientes para cuatro o cinco personas pero es mejor que sobren.
Retiradles las ancas y reservadlas. Haced un picadillo abundante con dos dientes de ajo, perejil, zanahoria, apio y albahaca si os gusta: si tenéis aversión al ajo, poned cebolla. Ponedlo al fuego con sal, pimienta y aceite en cantidad y cuando el ajo comience a coger color añadid las ranas. Removedlas de cuando en cuando para que no se peguen, y, cuando se haya absorbido buena parte del jugo, añadid tomates a trozos o, a falta de éstos, conserva rebajada con agua. Dejad cociendo, y por último añadid el agua necesaria para hacer la sopa, dejándolo al fuego hasta que las ranas estén cocidas y deshechas.
Entonces pasadlo todo por la estameña, prensando bien hasta que no queden más que los huesecillos. Poned a hervir las ancas reservadas en un poco de este caldo pasado y deshuesadlas cunado estén cocidas para mezclarlas en la sopa junto con trocitos de hongos secos rehidratados. El pan tostadlo en lonchas que cortaréis en dados un poco grandes.

Agraz con hinojo (del Maestro Martino)

Toma ajo si te gusta, y flor de hinojo del más dulce y mejor que puedas coger, y májalos juntos muy bien añadiendo agraz nuevo, y con el agraz desleirás esta mezcla pasándola por la estameña, y haz que esté un poco salado.

Salsa morada de ajo. Maestro Martino: Capítulo III. Para hacer todo tipo de salsas. -"Il libro de arte cocquinaria",1460 aprox.-

Giovanna Garzoni (1600-1670)

Seguirás el orden descrito en el apartado anterior, excepto que no es necesario ponerle caldo, pero cogerás uva negra y con las manos la romperás muy bien en una olla, u otro recipiente; y lo pondrás a hervir durante media hora; después colarás este mosto, con el cual desleirás la salsa de ajo; y lo mismo se puede hacer con cerezas. Y esta salsa de ajo se puede dar en tiempo de carne, o de pescado, como se quiera.

Salsa de ajo blanca. Maestro Martino: Capítulo III. Para hacer todo tipo de salsas. -"Il libro de arte cocquinaria",1460 aprox.-

 almendras

Toma almendras muy bien peladas y muélelas, y cuando estén a medio moler añádeles la cantidad de ajo que te parezca, y los machacarás juntos echándoles dentro un poco de agua fresca para que no hagan aceite. Después tomarás una miga de pan blanco y la pondrás en remojo en caldo magro de carne o de pescado según los tiempos; y esta salsa de ajo la podrás servir y acomodar a todas las estaciones grasas y magras como más te guste.

Salsa verde. Maestro Martino: Capítulo III. Para hacer todo tipo de salsas. -"Il libro de arte cocquinaria",1460 aprox.-

Toma perejil y serpol*, y un poco de acelga, con alguna otra buena hierbecilla, con un poco de pimienta, y jengibre, y sal. Y májalo todo muy bien junto y deslíalo con un buen vinagre fuerte, y pásalo por la estameña. Y si quieres que sepa a ajo podrás poner a majar junto con lo arriba mencionado un poco de hojas de ajetes. Y esto según el gusto de quien lo quiera.

ARTUSI: 787. Setas en aceite

Elegid boletus edulis, también llamados boletos, los más pequeños que podáis encontrar, y si estuviesen mezclados con otros grandes como nueces, haced dos partes de éstos. Después de haberlos limpiado bien de tierra y lavados, hacedlos hervir durante veinticinco minutos en vinagre blanco; pero si fuese muy fuerte corregidlo con un poco de agua. Retirados del fuego, secadlos bien en un paño y dejadlos al aire hasta el día siguiente. Entonces colocadlos en una tarro de cristal o de barro esmaltado cubiertos de aceite y con algún aroma que os guste. Hay quien pone uno o dos dientes de ajo pelados, quien algunos clavos de olor y quien una hoja de laurel, que pueden hacerse hervir en el vinagre. Se suele comerlos con platos hervidos.

ARTUSI: 248. Pastel de tomates

Poned a cocer unos tomates cortados a trozos en un sofrito de ajo, perejil y aceite; sal y pimienta como condimento.
Cuando estén cocidos de manera que su jugo se haya condensado, trituradlo y volvedlo a poner al fuego con huevos en proporción, batidos antes.
Añadid una pizca de parmesano, mezclad y cuando los huevos se hayan hecho, vertedlos en una fuente y acompañarlos de tostas cortadas en picos y fritas en mantequilla o tocino.
Alguna hoja de calamento, o una pizca de orégano, después de pasado el jugo, da al pastel un aroma agradable.

ARTUSI: 458. Pescado marinado

Son bastantes las especies de pescado que pueden marinarse; pero yo prefiero los lenguados y las anguilas grandes. Si se tratase de los lenguados freidlos primero en aceite y saladlos, si de la anguila cortadla en trozos de alrededor de medio dedo de ancho, sin pelarlos, asadlos a la parrilla o al espeto. Cuando hayan soltado la grasa condimentadlos con sal y pimienta. Coged una cacerola y en ella verted, en proporción al pescado, vinagre, sapa(1) (que aquí está como el queso sobre los macarrones), hojas enteras de salvia, piñones enteros, uvas pasas de Corinto, algún diente de ajo cortado en dos transversalmente y acitrón(2) a trocitos.
Faltándoos la sapa sustituidla con azúcar y probad para corregir el sabor del vinagre, si fuera demasiado fuerte. Haced que esta mezcla levante un hervor y después vertedla sobre el pescado que habréis colocado en una fuente de barro, extendido de modo que el líquido lo cubra por todas partes. Haced levantar otra vez un hervor con el pescado dentro, después cubrid la fuente y reservadla. Cuando lo sirváis en la mesa coged la cantidad que necesitéis con un poco de su salsa, uniendo también porciones de los ingredientes que hay. Si con el tiempo el pescado se secase, refrescarlo con otro poco de marinado. También podéis preparar de esta manera la anguila escorpión que hay en los comercios.


(1): arrope toscano (N. de la T.)
(2): acitrón, o cidra confitada, elaborada con la cáscara de una especie de limón de jardín, grande, dulce y de cáscara gruesa (N. de la T.)

ARTUSI: 503. Ranas en salsa

La manera más sencilla de prepararlas es con un sofrito de aceite, ajo y perejil, sal y pimienta, y cuando están cocidas, zumo de limón. Algunos, en lugar de limón, usan el jugo de tomate, pero es preferible el primero.
No quitadles nunca las huevas que son lo mejor.

ARTUSI: 395. Hongos en salsa

Para hacerlos en salsa son preferibles los de tamaño mediano. Limpiadlos, lavadlos y cortadlos en lonchas más finas que los anteriores. Poned una sartén al fuego con aceite, algun diente de ajo entero, un poco machacado y una buena pizca de hojas de calamento. Cuando el aceite empieza a chisporrotear echad los hongos sin enharinar, condimentadlos con sal y pimienta y, a media cocción, mojadlos con jugo simple de tomate; pero sed parcos con los condimentos porque los hongos no los absorben.

ARTUSI: 102. Espagueti con salsa de sepia

Aquí tenéis las normas aproximadas para hacer esta receta que será suficiente para cinco personas.
Coged tres sepias de tamaño medio, que podrán pesar, en conjunto, entre los 650 y los 700 gramos. Peladlas y limpiadlas del hueso, del aparato bucal, de los ojos, del tubo digestivo y de la tinta, que algunos dejan, pero que yo excluyo porque me parece que no queda bonito.
Haced un picadillo con 100 gramos de miga de pan, una buena pizca de perejil y un diente de ajo, añadidle los tentáculos que son dos por cada sepia, triturados bien finos, condimentadlo con aceite, sal y pimienta en buena medida y con esto rellenad el saco de las sepias cosiéndoles la boca.
Triturad una cebolla de tamaño mediano, frotadla para quitarle la acidez y ponedla al fuego con aceite, pero no mucho, y cuando haya tomado color echad las sepias y condimentadlas con sal y pimienta. Esperad a que se doren para llevarlas a cocción a fuego lento con mucho jugo de tomate o conserva, añadiendo agua poco a poco.
Hacedlas hervir tres horas, pero procurad que os quede la salsa necesaria para condimentar con ella y con parmesano 500 gramos de espagueti que veréis cómo resultan ricos de comer.
Las sepias, que de esta forma quedan tiernas son por esto de no difícil digestión, servidlas después como guiso de pescado.

ARTUSI: 85. Macarrones a la napolitana I

Os los garantizo genuinos y probados con el respaldo de una receta que me he procurado de una familia de Santa Maria Capua Vetere; también os diré que he estado mucho tiempo indeciso de ponerla en ejecución no persuadiéndome demasiado ese revoltijo de condimentos. A decir verdad, estos macarrones no quedan malos, es más puede encontrarles gusto quien no es exclusivista de lo sencillo.
Tomad un trozo de carne de la falda y mechadla con lonchas de jamón veteado, uva pasa moscatel, piñones y con un picadillo de tocino, ajo, perejil, sal y pimienta. Preparada la carne de esta manera y atada con el hilo bramante para tenerla más unida, ponedla al fuego con un picadillo de tocino y cebolla muy picada; dadle vueltas a menudo y agujereadla de cuando en cuando con la aguja de mechar. Cuando esté dorada la carne y consumido el picadillo, añadid tres o cuatro trozos de tomate pelado y cuando éstos estén destruídos, añadid, poco a poco jugo de tomate triturado. Esperad a que esto esté un poco reducido, después añadid tanta agua que cubra la pieza, condimentad con sal y pimienta y haced hervir a fuego lento. A falta de tomates frescos servíos de conserva. Con el jugo y con queso picante, como gastan los napolitanos, se condimentan los macarrones, y la carne sirve de acompañamiento.
En cuanto los macarrones, enseñan hacerlos hervir en un recipiente ancho, con mucha agua, y no cocerlos demasiado.

ARTUSI: 332. Callos ligados con huevos

Hervid y cortad los callos como los de la receta precedente, después ponedlos al fuego en un sofrito de ajo, perejil y mantequilla, condimentadlos con sal y pimienta, y cuando los creáis cocidos ligadlos con huevos batidos, zumo de limón y parmesano.

ARTUSI: 333. Callos a la corsa

Probaréis unos callos únicos en su género, de sabor agradable y fácil de digerir, superiores a todos los otros hasta aquí conocidos; pero el secreto está en tratarlos con jugo de carne bien hecho y en abundancia, porque absorben mucho. Además de esto, es un plato que no puede hacerse más que en esos pueblos donde se acostumbra a vender las manos de las bestias bovinas rasuradas, por la razón de que su corteza callosa es necesaria para ligar la salsa.

700 gr. de callos crudos. 100 gr. de manos sin hueso. 80 gr. de mantequilla. 70 gr. de tocino. La mitad de una cebolla grande. Dos dientes pequeños de ajos. Aroma de nuez moscada y especias. Jugo de carne, lo que se necesite. Un puñadito de parmesano.

Digo crudos los callos, porque en muchos pueblos es habitual venderlos hervidos.
Después de bien lavados, cortadlos a tiras no más anchas de medio dedo y así también las manos. Hecho esto, triturad la cebolla muy fina y ponedla al fuego con la mantequilla, y cuando empiece a tomar color, añadid el tocino triturado fino con la media luna junto con el ajo. Cuando este sofrito haya cogido color avellana, añadid los callos y las manos condimentándolos con sal, pimienta y los aromas indicados, pero estos últimos con escasa medida. Hacedlos cocer hasta que estén secos, entonces mojadlos con el jugo y con el mismo terminad de cocerlos a fuego lento hasta que estén tiernos, para lo cual se necesitarán en total de 7 a 8 horas; si acaso os faltase jugo ayudáos con el caldo.
Cuando vayáis a servirlos, dadles más sabor con parmesano y vertedlos sobre lonchas de pan tostado que deben mojarse con la salsa. Bastará para cinco personas.

ARTUSI: 292. Riñones para desayuno

Riñones de ternera lechal, de carnero castrado, de cerdo y similares se prestan bien para un desayuno cocinados de la siguiente manera. Tened preparado un picadillo fino compuesto de perejil, medio diente de ajo; el jugo de medio limón y cinco o seis lonchas de miga de pan secado al fuego.
Abrid los riñones para desengrasarlos y cortadlos en lonchas finas transversalmente. Pongamos que en total pesen 400 o 500 gramos, echadlos en la sartén con 50 ó 60 gramos de mantequilla a fuego muy vivo. Removedlos a menudo y apenas comiencen a sofreirse echadles el picadillo; condimentadlos con sal y pimienta y, siempre removiendo con el cucharón, añadid el jugo de limón y por último un chorrito de caldo. La operación debe hacerse en cinco minutos y antes de mandarlos a la mesa ponedlos sobre las lonchas del pan. Serán suficientes para cuatro personas.

ARTUSI: 321. Criadillas de cordero

Para poner en salsa las criadillas de cordero no hagáis como aquella sirviente a quien le dijo su patrón que las dividiese en dos partes y las cortó transversalmente; fue la misma valiente muchacha que otra vez había enfilado los tordos en el espetón de atrás  alante. Cortad por lo tanto las criadillas a lo largo y así como están en dos piezas naturalmente, ponedlas a cocer en un cazo ancho; pero haced antes un sofrito de ajo, perejil y aceite, y cuando esté dorado, paradlo con un chorro de caldo. Añadidas las criadillas, condimentadlas con sal y pimienta, añadid a media cocción un trozo de mantequilla, un poco de jugo o conserva de tomate y llevadlas a cocción con más caldo, si es necesario. Es un plato para no ofrecerlo a extraños, pero en familia, es de poco gasto y gustoso; la parte que tiene que ver con la vista es la más delicada.

ARTUSI: 104. Espagueti a la rústica

Los antiguos Romanos dejaban comer el ajo a la gente ínfima, y Alfonso rey de Castilla lo odiaba tanto que llegó a infligir un castigo a quien apareciese en la corte apestándole la boca a ajo. Más sabios, los antiguos Egipcios lo adoraban en forma de numen, quizá porque habían experimentado sus virtudes medicinales, y, en efecto, parece que el ajo tenga algún efecto en los histéricos, que promueva la secreción de la orina, refuerce el estómago, ayude a la digestión, y, al ser también vermífugo, sirva de prevención contra las enfermedades epidémicas y hediondas. Pero estad atentos en los sofritos que no se haga demasiado, que entonces queda bastante malo. Hay muchas personas, que ignoran cómo se preparan las comidas, que tienen al ajo por horroroso por la sola razón de que lo sienten apestar en el aliento de quien lo ha comido crudo o mal preparado; por tanto, este condimento plebeyo, lo excluyen de su cocina, pero este capricho les priva de viandas sanas y gustosas, como la siguiente menestra, la que a menudo me reconforta el estómago cuando lo tengo disturbado.
Haced un picadillo con dos dientes de ajo y una buena pizca de perejil y el aroma de la albahaca si os gusta; ponedlo al fuego en una buena cantidad de aceite y apenas el ajo comience a dorarse echad en el picadillo seis o siete tomates a trozos condimentándolos con sal y pimienta. Cuando estén bien cocidos, pasad la salsa, que puede ser suficiente para cuatro o cinco personas, y con ésta unida a parmesano rallado, condimentad los espagueti, es decir los fideos, secos, pero tened cuidado de cocerlos poco, en mucha agua, y de mandarlos rápidamente a la mesa, donde al no tener tiempo de absorber líquido, quedan jugosos.
También las tagliatelle están buenísimas así condimentadas.

ARTUSI: 481. Anchoas a la marinera

Este pequeño pez de piel azulada y casi de plata, conocido en las playas del Adriático con el nombre de sardone, se diferencia de la sardina o sardinilla en cuanto que ésta es aplanada mientras la anchoa es redonda y de sabor más fino. Las dos especies pertenecen a la misma familia, y cuando son frescas, generalmente se comen fritas. Pero las anchoas están más apetitosas en salsa con un picadillo de ajo, perejil, sal, pimienta y aceite; cuando están casi hechas se añade un poco de agua mezclada con vinagre. Ya sabréis que el pescado azul es el menos digerible de las especies vertebradas.

ARTUSI: 507. Bacalao a la boloñesa

Cortadlo en trozos grandes como el anterior y así, desnudo y crudo, ponedlo en una sartén o en una fuente untada con aceite. Adornadlo por encima con un picadillo de ajo y perejil y condimentadlo con alguna pizca de pimienta, aceite y trocitos de mantequilla. Hacedlo cocer con fuego fuerte y volteadlo con cuidado porque, al no estar enharinado, se rompe fácilmente. Cuando esté cocido esprimidle encima limón y mandadlo a su destino.

ARTUSI: 506. Bacalao a la florentina

El bacalao pertenece a la familia de los gádidos, de los que el tipo es la merluza. Las especies más comunes de nuestros mares son el Gadus minutus y el Merlucius esculentus, o pescadilla, pez algo insípido, pero de fácil digestión por la ligereza de su carne, e indicado para los convalecientes, especialmente si está hervido y condimentado con aceite y limón. El género Gadus morrhua es la merluza de las regiones árticas la cual, por la diferente forma de prepararla, toma el nombre de bacalao fresco o salado y, como sabemos todos, es del hígado de este pescado que se extrae el aceite usado en medicina. La pesca del mismo se hace a anzuelo y un solo hombre coge en un día hasta 500, y es quizá el más fecundo entre los peces, habiéndose contado en una sola pieza nueve millones de huevos.
En el mercado son las más conocidas dos variedades de bacalao, Gaspy y Labrador. La primera proviene de Gaspesia, es decir de los bancos de Terra Nova (donde se pescan cada año más de cien millones de kilos de merluzas), es seco, fibroso y admite muy bien la maceración; la segunda, que se pesca en las costas del Labrador, quizá por tener pastos copiosos, siendo grasa y tierna, se ablanda con facilidad y tiene bastante mejor gusto.
El bacalao de Florencia goza de buena reputación y se puede decir que merecida porque se sabe macerar bien, limpiándose a menudo con una escobilla de madera de granadillo, y porque el que se consume preferiblemente es Labrador de primera calidad, graso por su naturaleza, y también tierno, teniendo en cuenta que la fibra estropajosa de este pez no favorece a los estómagos débiles; por eso yo no lo he podido nunca digerir. Esta salazón suple en el mercado, los días flojos, con mucha ventaja sobre el pez, que es insuficiente para el consumo, caro de precio y a menudo no está fresco.
Cortad el bacalao a trozos anchos como la palma de la mano y enharinadlo bien. Después poned una sartén o una fuente al fuego con bastante aceite y dos o tres dientes de ajo enteros, pero un poco machacados. Cuando empiecen a tomar color introducid el bacalao y doradlo por ambas partes, removiéndolo a menudo para que no se pegue. No es necesaria la sal o al menos muy poca, probándolo antes, pero una pizca de pimienta no le va mal. Por último, añadidle por encima alguna cucharada de jugo de tomate (nº 6), o conserva diluída en agua, hacedlo hervir todavía un poco y servidlo.


Comentario: se sobreentiende, que una vez dorado el bacalao es extrae del aceite para seguir cocinándolo con la salsa en otro recipiente.