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ARTUSI: 268. Pollo a la Marengo

La noche de la batalla de Marengo, por el desbarajuste de aquella jornada y al no encontrarse los carros de la cocina, el cocinero al primer Cónsul y a los Generales, improvisó con gallinas robadas un plato que fue manipulado más o menos como este que os describo, fue llamado Pollo a la Marengo; y se dice que éste estuvo siempre en la gracia de Napoleón, si no por mérito propio, sí porque le recordaba aquella victoria.
Tomad un pollo joven y excluyéndole el cuello y las patas, cortadlo a trozos gruesos por las junturas. Ponedlo en la sauté copn 30 gr. de mantequilla, una cucharada de aceite y condimentadlo con sal, pimienta y una pizca de nuez moscada. Cuando estén dorados los trozos por ambas partes retirad la grasa y echad en la sauté una cucharada rasa de harina y un decilitro de vino blanco. Añadid caldo llevar el pollo a cocción, cubierto, y a fuego lento. Antes de retirarlo del fuego decoradlo con una pizca de perejil triturado y cuando esté en la fuente esprimidle por encima medio limón. Resulta una comida apetitosa.

Piperada amarilla para pescado. Maestro Martino: Capítulo III. Para hacer todo tipo de salsas. -"Il libro de arte cocquinaria",1460 aprox.-

Ten pan y córtalo en lonchas, y ponlas a tostar, y después coge vino tinto, con un poco de vinagre, y de arrope, y pon las lonchas de pan dentro a hervir; después las pasarás por la estameña, añadiendo buenas especias dulces y fuertes; y hazla amarilla con un poco de azafrán.

Salsa de flor persa. Maestro Martino: Capítulo III. Para hacer todo tipo de salsas. -"Il libro de arte cocquinaria",1460 aprox.-

Ten almendras peladas blancas, y bien molidas junto con una miga de pan blanco, un poco de jengibre y de canela, y un poco de agraz y de vino tinto, y zumo de granada, añadiéndo a estas cosas un poco de sándalo. Después desleirás y pasarás esta mezcla, con el vino tinto la harás dulce o seca según te guste.

Salsa de ciruela seca -"Il libro de arte cocquinaria",1460 aprox.- Maestro Martino: Capítulo III. Para hacer todo tipo de salsas.

Toma ciruelas y ponlas en remojo en vino tinto, y extraeles los huesos, y trituradlas muy bien con un poco de almendras sin pelar, y un poco de pan braseado, o tostado, y puesto a remojo en el vino anterior donde estaban las ciruelas. Y todas estas cosas las trituraréis juntas con un poco de agraz, y de este vino antes usado, y un poco de arrope, o azúcar, que estarían mucho mejor desleídas y pasadas por la estameña poniéndoles alguna especia, especialmente canela.
Para hacer la piperada consultaréis el capítulo anterior en el cual se trata; y seguiréis cuanto allí se contiene.

Salsa camelina. Maestro Martino: Capítulo III. Para hacer todo tipo de salsas. -"Il libro de arte cocquinaria",1460 aprox.-

Coge uva pasa y tritúrala muy bien. Y coge dos o tres lonchas de pan tostadas puestas en remojo en vino tinto más o menos según la cantidad que quieras hacer. Y triturarás juntas todas esas cosas. Después tomarás un poco de vino tinto, de arrope y agraz, y a quien no le guste el agraz lo hará con vinagre haciéndolo dulce o ácido según le guste. Y pasarás toda esta mezcla por la estameña, añadiendo después buena canela, y también un poco de clavo y nuez moscada molidos.

Jamón cocido (Maestro Martino, "Il libro de arte cocquinaria", 1460 aprox. Capítulo I.34)

Planta el cuchillo en medio del jamón y póntelo en la nariz; si el cuchillo tiene buen olor el jamón está bueno, y también para el contrario. Y si lo quieres cocer y que dure más tiempo cocido, toma un buen vino blanco, o si no vinagre, y la misma cantidad de agua; pero mejor sería sin agua; y en el vino pon a hervir el jamón tanto que esté medio cocido. Y después retíralo del fuego, y deja el jamón que se enfríe en el caldo. Y después sácalo fuera, y de este modo estará bueno y durará un buen tiempo.

Suprema de faisán

Como es habitual -o debería serlo-, empezamos por el principio. 
Tenemos unos faisanes, kéfir y tomillo limonero en el huerto. 
También hay brotes de espinacas y rabanitos para la ensalada.
Vamos a necesitar zanahoria, puerro y cebolla, vino tinto, agua, mantequilla sal y pimienta.
Desplumamos y deshuesamos el faisán. 
Separamos las pechugas y las maceramos en el kéfir con tomillo limonero durante unas cinco horas. Lo que buscamos con este proceso es que la carne esté muy jugosa de tal forma que podemos aplicar más calor en menos tiempo.
(Los muslos, el hígado y el corazón los vamos a reservar para hacer paté).
Tostamos la osamenta, la carcasa y las alas en el horno y reservamos todo, eliminando sólo la grasa que suelten, que no vamos a utilizar.
Tostamos cuatro zanahorias medianas, dos cebollas y un puerro.
Cubrimos los huesos y las verduras tostadas en una marmita con vino tinto, que hemos utilizamos para desglasar la fuente de los huesos, y llenamos de agua hasta arriba. Ponemos al fuego. La cocción debe ser siempre muy lenta, sin que hierva a borbotones nunca el agua y hasta que reduzca por debajo del nivel de las verduras y los huesos (aproximadamente habrá reducido dos terceras partes). Este proceso debería hacerse en unas tres o cuatro horas, dependiendo de la cantiedad de agua que se haya puesto. Colamos a un cazo de menor tamaño y seguimos reduciendo a fuego lento hasta que la salsa espese, lo cual nos llevará otra media hora. Reservamos.


Retiramos las pechugas del kéfir y las escurrimos bastante, de modo que apenas queden restos de kéfir para su cocción. Las hacemos a la plancha con aceite de oliva a fuego muy vivo, marcándolas aproximadamente dos minutos por cada lado. 

Mientras reposa la suprema, terminamos la salsa, que la ponemos a fuego flojo y cuando empiece a burbujear añadiremos pequeños daditos de mantequilla que batiremos para ligar. Sazonaremos con poca sal y pimienta al gusto.


Hemos acompañado la suprema con unas tostaditas de pan en mantequilla y una ensalada de brotes tiernos de espinaca y escarola con rabanitos del huerto.




ARTUSI: 330. Mollejas a la botella

Las de cordero no precisan de ninguna preparación; las de bestia más grande es necesario darles media cocción en agua, pelándolas, si es necesario. Las primeras dejadlas enteras, las segundas cortadlas a trozos y tanto unas como otras enharinadlas bien y ponedlas a dorar en mantequilla condimentándolas con sal y pimienta. Después mojadlas con vino de Marsala o de Madeira, y después alzarlas sólo un hervor.
Se puede también sacar la salsa a parte con un poco de harina, un trocito de mantequilla y el vino. Si después la agraciáis con jugo de carne, de buenas que son se harán exquisitas.

ARTUSI: 291. Riñones salteados

Tomad una piedra, como lo llaman en Florencia, es decir un riñón de bestia grande o varios de bestias pequeñas, abridlo y desengrasarlo todo porque esa grasa tiene un olor desagradable. Cortadlo transversalmente en lonchas finas, ponedlo en un cuenco, saladlo y añadidle tanta agua hirviendo como para cubrirlo. Cuando se haya enfriado el agua, retiradlo seco y echadlo a la sartén para hacerle perder el agua que tiraréis. Espolvorear por encima con una pizca de harina, echad un trocito de mantequilla y removiéndolo a menudo salteadlo sólo cinco minutos. Condimentadlo con sal, pimienta y medio vaso escaso de vino blanco: dejadlo todavía un poco al fuego y cuando vayáis a retirarlo, añadidle otro trocito de mantequilla, una pizca de perejil triturado y un poco de caldo, si es necesario.
Para vuestra información los riñones que se tienen mucho tiempo al fuego endurecen. El vino está bien que se le haga hervir antes a parte para que reduzca un tercio; si en vez de vino blanco usáis marsala o champagne, mucho mejor.

ARTUSI: 210. Hígado con vino blanco

El vino, como condimento, no es de mis favoritos, a menos que no se trate de vino de botella y de ciertos platos en los que es necesario por su carácter especial. Pero como los gustos son tan variados, que el que no gusta a uno puede gustar a otros, aquí tenéis un plato con vino.
Cortad el hígado en lonchas finas y freídlo así natural en sartén con aceite y mantequilla. Batid en una cacerola una cucharada de harina con buen vino blanco seco, para formar una mezcla muy líquida; cuando el hígado esté a dos tercios de cocción añadidlo encima. Terminad de cocerlo y condimentad con sal y pimienta.

ARTUSI: 510. Bacalao frito

La sartén es un arnés que en la cocina se presta para muchas cosas buenas, pero a mí me parece que el bacalao encuentra en ella su fin más deplorable porque, debiéndose hervir antes y sumergido en una masa, no hay condimento que sirva para darle el sabor conveniente, pero algunos, quizá por no saber como tratarlo mejor, lo embrollan de la forma que voy a explicar. Para hervirlo ponedlo en agua fría y apenas haya alzado el primer hervor retiradlo que ya está cocido.
Sin más manipulación se puede comer así condimentado con aceite y vinagre; pero veamos ahora el embrollo que os he mencionado, muy dueños después de probarlo o de mandar al diablo la receta y a quien la haya escrito. Después de hervido, poned en infusión el trozo de bacalao entero en vino tinto y tenedlo durante alguna hora; después secadlo en un paño y cortadlo a trozos limpiándolo de las espinas y de los espinazos.
Enharinadlo ligeramente y echadlo en una masa simple de agua, harina y un chorro de aceite sin salarla. Freídlo en aceite y espolvoreadlo con azúcar cuando haya perdido el primer hervor. Al comerlo caliente, el aroma del vino se advierte poco; por consiguiente, si lo encontráis un plato ordinario, la culpa será vuestra que lo habéis querido probar.

ARTUSI: 730. Claret cup (bebida inglesa)

Para esta bebida, que merece ser descrita porque es muy agradable y de fácil ejecución, se necesita vino tinto de óptima cualidad. Puede servir tanto el bordeaux como el chianti, el sangiovese y similares.

5 dl. de vino. 5 dl. de agua. 5 limones. 500 gr. de azúcar blanca.

Haced hervir el azúcar en el agua cinco minutos. Retirado del fuego, exprimid en este sirope los limones y añadid el vino, después pasadlo por una estameña. Volvedlo a poner en el fuego para hacerlo hervir ligero 25 minutos y cuando esté frío lo embotelláis. Servidlo rebajado con agua y refrescado con hielo en verano. Teniéndolo que conservar durante mucho tiempo, ponedlo en bodega.

ARTUSI: 211. Hígado a la cazadora

Si el hígado fuese de alrededor de 300 gr., trocead tres cebollas grandes y ponedlas a remojo en agua fresca durante una o dos horas. Escurrida del agua, echad la cebolla en una sartén para secarla; cuando esté seca añadid la manteca para freirla, y cuando haya tomado el tono marrón, unid el hígado cortado en finas lonchas.
Dejadlo sofreir un poco mezclado con la cebolla; añadid después en la sartén un poco menos de medio vaso de buen vino tinto y, después de cinco minutos sin dejar de mover, servidlo condimentado con sal y pimienta.
No es un plato para los estómagos delicados.

ARTUSI: 208. Pollo a la cazadora

Cortad una cebolla grande y ponedla durante más de media hora en agua fresca, después la secáis y la echáis en una sartén con aceite o manteca. Cuando esté hecha apartadla. Trocead un pollo, freídlo en la grasa que queda y, cuando esté dorado, añadid la cebolla, condimentadlo con sal y pimienta y regadlo con medio vaso de San Giovese* u otro del mejor vino tinto y un poco de jugo de tomate y, después de cinco minutos de hervor, servidlo.
Os advierto que no es un plato para estómagos débiles.


(*): vino de la Toscana (N. de la T.)

ARROZ A LA BRASA DE CARACOLES, MANITAS DE CERDO Y CARRILLERAS ESTOFADAS

Esta receta es un clásico que nació en nuestra cocina "antesdeayer", pero ya es un clásico. Y que nos perdonen los eruditos. Porqué. Por que cuando anuncias un menú de arroz a la brasa y no sabes si va a venir alguien a comerlo, lo más sensato es no hacer ninguna compra y cocinar con lo mejor que combina de lo que tienes en la despensa.
Caracoles. Manitas de cerdo. Carrilleras. Arroz. Brasas. Ajilimójili. Vino blanco. Vino tinto. Cebollas. Puerros. Apio. Zanahorias. Laurel. Tomillo limonero. Clavo. Agua. Sal.
1º Limpiar los caracoles.
Nosotros los caracoles los recogemos en verano, cuando están cerrados. De esta manera se pueden consumir al instante porque ya están purgados. Lo primero es ahogarlos. Así que busca un recipiente amplio y con tapa. Lo llenas de agua hasta el borde. Lo tapas y le pones peso encima. (Recuerda meter los caracoles en el agua). Tardarán aproximadamente en morir ahogados unas doce horas, la mayoría de ellos. Procura levantar la tapa y quitar los que están pegados cada tres horas, removiendolos. Para lavarlos, por lo menos tendrás que cambiar el agua tantas veces como sea necesario hasta que esté cristalina. Verás que suaves y restauradas quedan las manos del cocinero. Una vez limpios, se ponen en agua fría a fuego lento con una cebolla, unas hojitas de laurel, un puñado de sal gorda y un chorrito de vino; y, antes de que rompa a hervir el agua, se sacan los caracoles y se sumergen en agua con hielo. Reservar.
2º Las manitas de cerdo.
Sobre todo, fíjate que las manitas no tengan pelos. Hazte un favor, quémalos, córtalos con tijera, aféitalos, como más te guste. Sumérgelas en agua fría a fuego lento con una cebolla, unas hojitas de laurel y doce clavos. Hervir a fuego lento unas tres horas o hasta que estén hechas. Están muy blanditas y gelatinosas, lo ves porque se abren y pierden su forma un poquito y puedes ver los huesos. Sácalas del caldo. Reserva el caldo. Las manitas hay que deshuesarlas, mejor en caliente. Reserva las manitas.
3ª El estofado de carrillera.
Las carrilleras se limpian quitando la piel exterior cuidadosamente con la puntilla bien afilada. En una olla se pone cebolla, zanahoria, apio, puerro, no importa cómo lo cortes, mientras no sea en juliana. No pongas aceite, ni grasa alguna. Deja que se vayan dorando las verduras a fuego lento hasta que el fondo de la olla coja ese tono marrón que no es quemado. Añade vino tinto, vino blanco y rasca el fondo, añade las carrilleras y guisa a fuego lento hasta que estén blanditas. Retira las carrilleras y resérvalas. Reserva el caldo.
4º El arroz.
Usa el de tu preferencia, que no sea aromático, ni exótico. Si es bomba, mejor. El bomba es el mejor para la brasa. Recuerda que no estamos haciendo una paella.
Mezcla el caldo de las manitas y el de las carrilleras en una olla. Añádele sal hasta que lo notes un pelín pasado y ponlo a hervir. En la paella pon una buena cucharada de ajilimójili y, en cuanto empiece a dorarse, añade las carrilleras troceadas, los caracoles y las manitas de cerdo picadas, añade el arroz y saltéalo. Añade el caldo hirviendo (es muy importante que el caldo esté hirviendo cuando lo añadas) en la proporción adecuada para cocer el arroz... Si de aquí en adelante no sabes terminar esta receta, no la empieces. Está delicioso.

VINO DE NUECES


Mi muy recordada vecina Herminia en La Azohía me enseñó, un pasado verano esta receta tradicional murciana a la que también creo que llaman Vino Viejo y que sin duda merece la pena probar. He sabido que también se hace en Aragón, por lo que me reafirmo en mis teorías sobre la intensa comunicación e intercambios que hubo entre ambas comunidades en siglos de conquistas y reconquistas para arriba y para abajo por la península, dos comunidades que hablan el diminutivo "-ico".


Se trata de un vino dulce que se prepara el día del solsticio de verano (que coinicide con las fiestas de San Juan), para consumirse en el solsticio de invierno (fiestas navideñas). Para su elaboración se utilizan unos cuatro litros de buen vino blanco mediterráneo, los blancos españoles del mediterráneo son buenísimos y no se prodigan, quizá porque donde mejor se beben es junto al mar. Al vino se le añade entre dos y tres kilos de azúcar (a gusto) que se va removiendo hasta conseguir su máxima disolución. Finalmente se incorporan unas cinco o seis nueces verdes con cáscara, justo como están el día de San Juan en los nogales en verano -se recomienda recoger este fruto al amanecer, antes de que lo calienten los rayos del sol-; así que busquemos un nogal y madruguemos. Nosotros añadimos entonces unas hojas tiernas de limonero, cada cual que aromatice, o no, su vino viejo como prefiera arriesgarse. 


Ha de guardarse oscuro, bien cerrado y evitar envases porosos (metálicos o de plástico), mejor en bodega y removerse cada vez que nos acordemos, para facilitar la disolución. Es un delicioso vino dulce que acompaña perfectamente cualquier postre navideño, que es cuando se toma. Nuestro más cálido agradecimiento a Herminia y su marido Enrique, gran aficionado a la agricultura y a la guitarra, que tanto nos enseñó de huerto y agua.

PATÉ DE NÍSCALOS

Ingredientes

500 gr níscalos
1000 gr cebolla
100 gr escaloña
20 ml armagnac
3 huevos
100 ml nata 35%
aceite
sal, pimienta

Cortar la cebolla y la escaloña en brounoise fina.
Sofreír a fuego lento hasta que adquiera tono caramelo claro.
Trocear los níscalos, añadir al sofrito subiendo la intensidad del fuego para que los níscalos liberen su jugo.
Cuando se note que ya han soltado casi todo el jugo añadir con cuidado el armagnac (su poder calorífico es bastante más fuerte que el del brandy o el vino); una vez se haya consumido el armagnac, retiramos del fuego y dejamos enfriar.
Cuando este fría la mezcla, la pasaremos por la trituradora dejándola con una textura fina. Añadir los huevos y mezclar, añadir la nata y mezclar. Es en este punto cuando hay que añadir sal y pimienta negra molida al gusto.
Colocar la mezcla en un molde que hemos forrado con papel de aluminio el interior y hornear al baño maría durante 40 minutos a fuego medio alto .

Enfriar.