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ARTUSI: 604. Panettone Marietta

Marietta es una buena cocinera y tan buena y honesta que merece que yo titule este dulce con su nombre, pues lo he aprendido de ella.

300 gr de harina finísima. 100 gr de mantequilla. 80 gr de azúcar. 80 gr de uva pasa. Un huevo entero y dos yemas. Una pizca de sal. 10 gramos de cremor tártaro. una cucharadita, es decir, 5 gramos escasos de bicarbonato sódico. 20 gramos de acitrón* a trocitos. Aroma de cáscara de limón. Aproximadamente 2 dl de leche.

En invierno, ablandad la mantequilla al baño maría y trabajadla con los huevos; añadid la harina y la leche poco a poco, después el resto menos las uvas y los polvos que pondréis al final; pero antes de verter éstos, trabajad la mezcla durante media hora al menos y reducidlo con la leche a su consistencia, es decir, ni muy líquido, ni muy sólido. Vertedlo en un molde liso más alto que ancho y de doble capacidad paa que al subir no desborde y pueda coger la forma de un pan redondo. Untad las paredes con mantequilla, espolvoreadlo con azúcar lustre mezclada con harina y cocedlo en el horno. Si os sale bien veréis que crece mucho formando en la parte superior una protuberancia agrietada.
Es un dulce que merece ser recomendado porque es mejor todavía que el panettone de Milán que se encuentra en las tiendas, y precisa poca preocupación.


(*): acitrón, o cidra confitada, elaborado con la cáscara de una especie de limón de jardín, grande, dulce y de cáscara gruesa (N. de la T.)

ARTUSI: 464. Rodajas de cazón en salsa


El cazón (Mustelus) es un pez de la familia de los escualos, es decir de los tiburones, y por eso en algunos pueblos el cazón se llama tiburón. Esta explicación sirva para quien no supiese lo que es el cazón*, que alcanza grandes dimensiones y su carne es quizá la mejor entre los peces del suborden de los selacios a la que pertenece. Haceos con rodajas de cazón de medio dedo de grosor; si las laváis secadlas después en un paño, peladlas con un cuchillo que corte bien, condimentadlas con sal y pimienta y tenedlas durante varias horas en infusión en huevo batido.
Freidlas en aceite, pero antes condimentadlas con pan rallado volviéndolas a sumergir dos veces en el huevo. Ahora haced la salsa componiéndola de la siguiente manera: coged una fuente o una bandeja ancha donde puedan estar extendidas y en la misma poned aceite en proporción, un trocito de mantequilla bien impregnado de harina, que sirve para ligar la salsa, una pizca de perejil triturado, jugo de tomate, o si no conserva diluida en agua y una pizca de sal y pimienta.
Cuando esta salsa haya sofrito un poco en el fuego, poned en la misma las rodajas de cazón, fritas, dadles la vuelta y añadid agua para que la salsa quede líquida. Retiradlas del fuego, extender por las rodajas un poco de parmesano rallado y mandadlas a la mesa donde serán muy elogiadas


(*): En el sur de España, también muy conocido como cañabota; y en el norte, musola (N. de la T.)

ARTUSI: 637. Tarta de nueces. Giovanna Garzoni. Y una propuesta del caracol.

Giovanna Garzoni
140 gr. de nueces peladas. 140 gramos de azúcar. 140 gr. de chocolate en polvo o rallado. 20 gr. de acitrón. 4 huevos. Aroma de azúcar avainillado.
Triturad finas las nueces en un mortero junto con el azúcar, después vertedlas en un recipiente para añadirles el chocolate, el aroma de la vainilla, los huevos, poniendo primero las yemas y después las claras montadas, y por último el limón confitado muy picado.
Coged un molde donde el dulce no suba más de dos dedos de alto, untadla de mantequilla y espolvoreadla con pan rallado para cocerla al horno o al horno de leña con calor moderado. Éste ha sido juzgado por mis comensales como un dulce exquisito.

(*): acitrón, o cidra confitada, elaborado con la cáscara de una especie de limón de jardín, grande, dulce y de cáscara gruesa (N. de la T.)





Dejándonos llevar por la ilustración de Giovanna Garzoni 
en la que hemos encontrado dos de los ingredientes principales de esta receta de Artusi, 
proponemos degustar la tarta con una salsa de ciruelas rojas y un poco de nata montada,
que como es bien sabido, ya solo la nata montada con nueces es un delicioso postre 
que no se lo salta el caracol...

ARTUSI: 734. Conserva de albaricoques.


Si la conserva de ciruelas es la peor de todas, ésta es sin embargo una de las más elegantes que agrada al gusto general. Tomad albaricoques bien maduros y de buena calidad, siendo un error creer que con fruta pasada se pueda obtener el mismo resultado; retiradles el hueso, ponedlos al fuego sin agua y mientras cuecen deshacedlos con el cucharón para reducirlos a papilla.
Cuando hayan hervido alrededor de media hora, pasadlos por el tamiz para limpiarlos de la piel y de los filamentos; después ponedlos al fuego con un azúcar blanco fino en la proporción de ocho décimos y, es decir, 800 gramos de azúcar por cada kilogramo de albaricoques pasados. Removedlos a menudo con el cucharón hasta la consistencia de conserva, la cual se conoce vertiendo de cuando en cuando una cucharadita en un plato, sobre el que deberá deslizarse lentamente.
Vertedla caliente en los tarros y cuando esté fría cubridla con el papel aceitoso de los charcuteros pegado a la conserva, y tapad la boca del tarro con papel grueso atado con una cuerda alrededor. La conserva de melocotones se hace de la misma forma con melocotones jugosos bien maduros.

ARTUSI: 521. Roast-beef I

Esta voz inglesa ha penetrado en Italia con el nombre vulgar de rosbiffe, que quiere decir buey asado. Un buen rosbiffe, es un plato de gran compensación en una comida donde predomine el género masculino, que no se sacia de chucherías como las mujeres; sino que quiere hincarle el diente a algo sólido y sustancioso. La pieza que mejor se presta es el lomo indicado para el bistec a la florentina nº 556.
Para que quede tierno, debe de ser de bestia joven y debe superar el kilogramo de peso, para que el fuego no lo seque, dependiendo su belleza y bondad del punto justo de cocción indicado por el color rosado en el centro y por la cantidad de jugo que suelta loncheándolo.
Para obtenerlo de esta forma, cocedlo en fuego ardiente y muy vivo desde el principio para que se dore enseguida la superficie; untadlo con aceite, que después colaréis por la grasera, y por último pasadle por encima un chorro de caldo, el cual, unido a la grasa caída del rosbiffe, servirá de salsa a la pieza cuando la mandéis a la mesa. Saladlo a media cocción, quedandoos un poco escasos porque este tipo de carne, como ya he dicho, es sabrosa de por sí, y tened siempre presente que la beneficiosa sal es la más fiera enemiga de una buena cocina.
Ponedlo al fuego media hora antes de mandar la menestra a la mesa, que será suficiente si la pieza no es muy grande, y para saber la cocción pinchadlo en la parte más gorda con un mechador finito, pero no lo agujereéis mucho para que no pierda el jugo. El jugo que suelte no debe ser ni del color de la sangre ni oscuro. Las patatas de guarnición doradlas a parte en aceite crudas y peladas, enteras si son pequeñas, y a cuartos si son grandes. El rosbiffe se puede también hacer al horno, pero no queda tan rico como al espeto. En este caso condimentadlo con sal, aceite y un trozo de mantequilla, guarnicionadlo de patatas crudas peladas y verted en la fuente un vaso de agua.
Si el rosbiffe que sobra no os gusta frío, cortadlo en lonchas, y hacedlo con mantequilla y jugo de carne o de tomate.

ARTUSI: 86. Macarrones a la napolitana II

Son mucho más sencillos que los precedentes y tan buenos que os aconsejo probarlos.
Para 300 gramos de macarrones largos, que son suficientes para tres personas, poned a sofreir en una sartén o en una cacerola dos lonchas gruesas de cebolla con 30 gramos de mantequilla y dos cucharadas de aceite.
Cuando la cebolla, que cociendo naturalmente se abre, esté bien dorada, esprimidla con el cucharón y retiradla. En esa grasa hirviendo añadid 500 gramos de tomates y un buen pellizco de albahaca triturada groseramente; condimentad con sal y pimienta, pero los tomates preparadlos antes porque van pelados, cortados en trozos y todo lo que se pueda limpios de las semillas, no viene a ser un defecto si quedan restos. Con la salsa concentrada, con 50 gramos de mantequilla cruda y parmesano, condimentad los macarrones y mandadlos a la mesa, que serán de agradecer especialmente por quienes en la salsa de tomate nadarían dentro.
En lugar de los macarrones largos, pueden servir las penne, es más, éstas cogerán mejor el condimento.

ARTUSI: 426. Guisantes con jamón

Dejemos a los ingleses el gusto de comer las verduras hervidas sin condimento o, como mucho, con un poco de mantequilla; nosotros pueblos meridionales, tenemos la necesidad de que el sabor de las comidas sean de lo más excitantes. En ningún otro sitio he encontrado los guisantes tan buenos como en las tratorías de Roma, no tanto por la excelente calidad de las hortalizas en esa ciudad, cuanto porque allí a los guisantes se les da el agradable sabor del jamón ahumado.
Habiendo intentado con alguna prueba adivinar cómo se preparan, si no he conseguido la misma bondad me he acercado, y así lo he hecho: dividid en dos partes a lo largo, según la cantidad de guisantes, una o dos cebolletas y ponedlas al fuego con aceite y algo de jamón veteado cortado en pequeños dados. Haced sofreir hasta que el jamón se haya arrugado; entonces añadid los guisantes, condimentadlos con poca sal y una pizca de pimienta; mezclad y treminarlos de cocer con caldo, añadiéndolos un poco de mantequilla.
Servidlos, o solos como plato de verdura, o como guarnición; pero antes retirad toda la cebolla.

ARTUSI: 104. Espagueti a la rústica

Los antiguos Romanos dejaban comer el ajo a la gente ínfima, y Alfonso rey de Castilla lo odiaba tanto que llegó a infligir un castigo a quien apareciese en la corte apestándole la boca a ajo. Más sabios, los antiguos Egipcios lo adoraban en forma de numen, quizá porque habían experimentado sus virtudes medicinales, y, en efecto, parece que el ajo tenga algún efecto en los histéricos, que promueva la secreción de la orina, refuerce el estómago, ayude a la digestión, y, al ser también vermífugo, sirva de prevención contra las enfermedades epidémicas y hediondas. Pero estad atentos en los sofritos que no se haga demasiado, que entonces queda bastante malo. Hay muchas personas, que ignoran cómo se preparan las comidas, que tienen al ajo por horroroso por la sola razón de que lo sienten apestar en el aliento de quien lo ha comido crudo o mal preparado; por tanto, este condimento plebeyo, lo excluyen de su cocina, pero este capricho les priva de viandas sanas y gustosas, como la siguiente menestra, la que a menudo me reconforta el estómago cuando lo tengo disturbado.
Haced un picadillo con dos dientes de ajo y una buena pizca de perejil y el aroma de la albahaca si os gusta; ponedlo al fuego en una buena cantidad de aceite y apenas el ajo comience a dorarse echad en el picadillo seis o siete tomates a trozos condimentándolos con sal y pimienta. Cuando estén bien cocidos, pasad la salsa, que puede ser suficiente para cuatro o cinco personas, y con ésta unida a parmesano rallado, condimentad los espagueti, es decir los fideos, secos, pero tened cuidado de cocerlos poco, en mucha agua, y de mandarlos rápidamente a la mesa, donde al no tener tiempo de absorber líquido, quedan jugosos.
También las tagliatelle están buenísimas así condimentadas.

ARTUSI: 777. Té

El cultivo del té es casi exclusivo de China y de Japón y para estos estados uno de los principales productos de exportación. Los tés de Java, de la India y de Brasil se consideran de calidad bastante inferior. Sus hojitas, abarquilladas y desecadas para ser comercializadas, son el producto de un arbusto ramoso de hoja siempre verde que no se eleva del suelo más de dos metros. La recolección de la hoja tiene lugar tres veces al año: la primera en abril, la segunda al principio del verano y la tercera hacia la mitad del otoño. En la primera recolección las hojas, estando pequeñas y muy tiernas, por haber brotado pocos días antes, dan el té imperial, que se queda en el lugar para uso de los grandes del imperio; la tercera recolección en la que las hojas han alcanzado el máximo desarrollo, es de calidad inferior. Todo el té que circula en comercio se divide en dos grandes categorías: té verde y té negro. Estos después se subdividen en muchas especies: pero las más usuales son el té perla, el souchong y el pekoe de cola blanca cuyo olor es el más aromático y el más agradable.
El té verde, siendo obtenido con un secado más rápida que impide la fermentación, es más rico en aceite esencial, por tanto más excitante y es bueno abstenerse o usarlo en pequeñas dosis mezclado con el negro. En China el uso del té se remonta a muchos siglos antes de la era cristiana; pero en Europa fue introducido por la Compañía holandesa de las Indias orientales hacia el principio del s. XVI; Dumas padre dice que fué en 1666 bajo el reinado de Luis XIV cuando el té, después de un rechazo no menos vivo del que se sostuvo contra el café, se introdujo en Francia.
El té se hace por infusión y se sostiene que se consigue mejor en teteras, de metal inglés. Una cucharadita colmada es dosis más que suficiente para una taza común. Hechadlo en la tetera que habréis calentado primero con agua hirviendo y vertedle encima tanta agua hirviendo como para sólo cubrirlo y después de cinco o seis minutos, que bastan para abrir la hoja, añadid el resto del agua en ebullición, mezclad y después de dos o tres minutos la infusión está hecha. Si la dejáis ahí demasiado, se vuelve oscura y de sabor asperillo porque se da tiempo para disolverse el ácido tánico de las hojas que es un astringente; pero, si durante la primera operación tenéis manera de mantener la tetera sobre el vapor del agua hirviendo, extraeréis del té mayor perfume, y si resultase muy fuerte se puede diluir con agua hirviendo. El uso del té en algunas provincias de Italia, en especial en pequeños pueblos, es raro todavía. No hace muchos años que mandé a un joven empleado mío a los baños de la Porretta para ver si aprendía algo de la ábil maestría de los cocineros boloñeses; y, si es verdad lo que él me refirió, pasaron por allí algunos extranjeros que pidieron té; pero teniendo de todo menos de esto, fué encargado en seguida a Bolonia. El té llegó, pero los extranjeros lamentaban que la infusión no supiese a nada. ¿Adivinan porqué? Se hacía pasar solamente el agua hirviendo a través de las hojas que se ponían en un colador. El joven, que tantas veces lo había hecho en mi casa, se apresuró a corregir el error y entonces lo encontraron como debía estar. También el té excita los nervios y provoca insomnio; pero su acción, en la mayor parte de los casos, es menos eficaz que la del café e incluso diría también menos poética en sus efectos porque me parece que el té deprima y el café exalte. Pero la hoja china tiene esta ventaja sobre el grano de Alepo, y es que ejerciendo una acción aperitiva sobre la piel, hace soportar mejor el frío en el rígido invierno; por esto, quien no pueda beber vino en los desayunos de tenedor, encontrará quizá en el té, solo o con leche, una bebida de las más deliciosas. Yo tomo un té mixto: mitad Souchong y mitad Pekoe.

ARTUSI: 677. Dulce de cerezas. Y cerezas, según Giovanna Garzoni


Como dulce familiar es bastante bueno y merece realizarse.

200 gr. de cerezas oscuras, crudas, enteras y sin tallo. 100 gr. de azúcar fino. 50 gr. de pan rallado de centeno. 40 gr. de almendras dulces. 4 huevos. 2 cucharadas de rosolí*. Aroma de vainilla o cáscara de limón.

Faltando el pan de centeno usad el pan común. Pelad las almendras, secadlas y trituradlas minuciosamente para reducirlas aproximadamente a la mitad de un grano de arroz. Trabajad primero las yemas de huevo con el azúcar hasta que queden espumosas, añadid el pan rallado, el licor, el aroma y continuad trabajando todavía un poco la masa.
Unid las claras bien montadas, mezclando despacio y vertedlo en un molde liso que habréis untado antes con mantequilla fría y espolvoreadlo todo con unas almendras que irán hacia el fondo. Finalmente echad las cerezas, pero para evitar que por su peso toquen fondo, mezclad en la masa las almendras que os quedan. Cocedlo en el horno o en el horno de leña y servidlo caliente o frío a cuatro o cinco personas.


 (*): Licor derivado del pétalo de la rosa usado a menudo como base para otros licores  (enlace de la traducción de esta nota).

ARTUSI: 646. Tarta de almendras y chocolate

Para quien le guste el chocolate, ésta, si no me engaño, es una tarta exquisita:

150 gr. de almendras. 150 gr. de azúcar. 100 gr. de chocolate. 60 gr. de harina de patatas. 50 gr. de mantequilla. 3 dl. de leche. 4 huevos. Aroma de vainilla.

Pelad las almendras, secadlas bien al sol o al fuego y trituradlas finísimas en el mortero junto con un tercio del azúcar.
Haced una masa al fuego con la mantequilla, la harina de patatas y la leche añadiéndola poco a poco. Cuando tenga consistencia, añadid el chocolate rallado, el azúcar que queda y, después de haberse disuelto bien ambos, añadid las almendras trituradas, removiendo continuamente.
Cuando la mezcla esté bien amalgamada aromatizadlo con vainilla y dejadlo enfriar para unir los huevos batidos a parte.
Con 100 gr, de harina haced la masa del nº 153 y con la misma, haciendo como con la tarta de ricotta nº 639, vertedla en un molde donde quede con el grosor de más de un dedo, para cocerla en un horno de leña. Se corta en forma de almendra como la otra, cuando esté bien fría.

ARTUSI: 790. Especias finas

Si queréis usar en vuestra cocina unas especias buenas, aquí tenéis la receta:

2 nueces moscadas. 50 gr. de canela de Ceylán, o sea de la reina. 30 gr. de pimienta aromatizada con clavo. 20 gr. de clavos de olor. 20 gr. de almendras dulces.

Si añadís otro tipo de especia como el macis* del exterior, es decir el arilo de la nuez moscada, que es óptimo, no haréis nunca algo verdaderamente bueno; os aconsejo también que no imitéis a los tenderos, quienes, en lugar de la canela de Ceylán, utilizan la de casia o canela de Goa y echan cilantro a manos llenas porque da volumen y cuesta poco. Triturad todo junto en un mortero de bronce, pasad las especias por un tamiz de velo de seda y conservadlas en un tarro de cristal con tapón esmerilado, o en un frasco con tapón de corcho, y se conservarán incluso durante años con la misma fragancia del primer día. Las especias son excitantes, pero usadas parcamente ayudan al estómago a digerir.


* El macis es la corteza en forma de red que cubre la nuez moscada (N. de la T.)

ARTUSI: 723. Sirope de frambuesa (y 725: ...de grosellas)

La delicada fragancia de este fruto (el framboise de los franceses) lo hace en el rey de los siropes. Después de haber deshecho bien el fruto con las manos, se trabaja de la misma forma que en el nº 725 con las mismas proporciones de azúcar y de ácido cítrico; pero, sin embargo, conteniendo este fruto menos pectina que las grosellas, el periodo de la fermentación será más breve. Si luego se me preguntase porqué estos siropes requieren tanto azúcar, respondería que esto es necesario para su conservación; y que para corregir el exagerado dulzor se ha recurrido al ácido cítrico.

 
725.  Sirope de grosellas

Este fruto, conteniendo en sí mucha pectina, necesita una larga fermentación; de modo que si disolviéseis el azúcar en el jugo de las grosellas apenas exprimido y lo pusieseis al fuego, obtendríais no un sirope, sino una gelatina. Soltad las grosellas de sus racimos como haríais par hacer mosto de la uva  y  dejadlo en lugar fresco dentro de una vasija de barro o de madera. Cuando haya comenzado a fermentar (lo cual puede suceder dentro de tres o cuatro días) remangaos y removedlo con un cucharón dos veces al día, continuando esta operación hasta que haya terminado de alzar. Después, si no teneis un trapiche, pasadlo poco a poco por un paño estrujándolo bien con las manos y pasad el zumo esprimido por un filtro todavía dos o tres veces, y más si es necesario, para obtener un líquido muy límpido. Ponedlo entonces al fuego y, cuando empieza a entrar en ebullición, añadid el azúcar y el ácido cítrico en las siguientes proporciones:

3 kg. de líquido. 4 kg. de azúcar fino blanquísimo. 30 gr. de ácido cítrico.


Removed continuamente el cucharón para que el azúcar no se pegue, hacedlo hervir fuerte durante dos o tres minutos, provadlo para añadir más ácido cítrico, si es necesario, y cuando esté frío, embotelladlo y guardadlo en bodega. Os advierto que lo mejor de estos siropes es su claridad y para conseguirla está bien excederse en la fermentación.