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De tripas, corazón, manos... y fotos.

Hablar de casquería desde Madrid es arriesgado cuando se aspira a mantener el paladar satisfecho y el estómago aliviado, pero el espíritu reaccionario del caracol se resiste a aceptarlo e insiste y recuerda y advierte que quien no tenga memoria es que no ha tenido acceso al conocimiento y remediar estos males es de obligación para mantener corazón y mente sosegados y de provecho.
  
La mitad del cielo es una película de 1985 de Manuel Gutiérrez Aragón, un pigmalión recreado en la España dura de nuestros mayores con la casquería como MacGuffin. El festival de cine de San Sebastián premió al año siguiente -es obvio- la película y la interpretación de Ángela Molina. Aún recuerdo de Don Pedro, interpretado por Fernando Fernán Gómez, su vehemencia para convencer a su platónica protegida dándole la clave para prosperar: "Casquería". "Casquería".

Talleres de cocina fotografiada 
I. Casquería en fotos. 
"De tripas, corazón... y manos": 
Parafraseando el libro del también cinéfilo y cocinero Abraham García que se quedó para su local el nombre de Viridiana, queremos proponer un curso para aprender a elaborar y degustar tres sorprendentes e inusuales recetas muy finas de casquería al mismo tiempo que aprendemos nociones básicas para hacer fotografía gastronómica.

Sopa,
de manitas de cordero.
 
El propietario del primer restaurante así llamado, que -sin duda- no el primer establecimiento donde se vendía comida, un tal Boulanger, tenía su local en
la Rue du Poulies, París, Francia, en 1765, -según leemos en innumerables fuentes en la red- y para anunciarlo a los transeúntes colocó un cartel en el que se podía leer la siguiente frase en latín vulgar: “Venite ad me omnes qui stomacho laboratis et ego restaurabo vos". Traducido al castellano, la frase significa: “Venid a mí, hombres de estómago cansado, y yo os restauraré". La frase y el local tuvieron tal éxito que fue cuando se empezó a llamar a estos lugares “restaurantes", donde se iba a ser “restaurado”. Lo que no cuentan esas fuentes es que el primer y único plato que se servía en sus inicios fue una sopa de manitas de cordero.

Albóndigas,
de callos.

Se trata ésta de una receta del cocinero Antonio Latini, autor de "Lo scalco alla moderna" con la que nos remontamos al s. XVI y que conocemos gracias al cocinero italiano Pellegrino Artusi, que recogió en su libro "La ciencia en la cocina y el arte de comer bien" del que la hemos traducido en el Caracol Picante y que presentamos como una delicia, delicada en su elaboración y al paladar.

El libro de Latini es una de esas joyas del pasado como bien puede deducirse por la foto que le tomamos prestada a continuación a Sebastián Damunt de su blog de coleccionista "Libros de cocina y gastronomía"

 Desde aquí nuestro agradecimiento, además, por su atención al facilitarnos información para ayudarnos en nuestra búsqueda.
 
Escalopines,
de corazón de cerdo asado.

Una última propuesta para recuperar una pieza olvidada de nuestros platos. Una carne de elaboración rápida y un único corte. Sabrosa y delicada, carne roja por excelencia. Elaboraríamos con su permiso la receta de nuestro compañero caracol, Fernando Ferrero.




AÑO II

Había (porque, desde luego es una de esas películas que no se quedan...) una del controvertido, polémico enfant-terrible, víctima, delincuente y gran director de cine Roman Polanski, cuyo título tradujo -creo que erróneamente- la filmoteca de Madrid como "Qué, qué, qué". Es algo así como un ensayo libertario (post-traumática, consecuente e ineludible respuesta a una represión sexual anterior en la historia) que  seguramente retratará bien una época políticamente incorrecta, pero que a mis ojos e intelecto resultó zafio y aburrido... Pero me he acordado de esta película al releer el título que puse a este post que ahora comparto, que le llamo hoy AÑO II y que le subtitulo como lo llamé en su día -erróneamente también, creo:)

¿Porqué? ¿Porqué? ¿Porqué?. Una propuesta para acompañar la cocina clásica en equilibrio con las nuevas tendencias de nutrición para una comida saludable. Guarniciones propuestas por el caracol

El Año II de El Caracol Picante ha significado una propuesta más amplia que la que venía desarrollándose durante el periodo anterior. Quizá estemos todavía buscando una temática en la que centrar nuestra aportación como cocineros, aunque son muchos los temas que nos interesan y quizá sigamos dedicándonos a hablar de lo que nos apetezca sin marcarnos otra línea tan señalada como la previa de la traducción de textos o recetarios, que no dejamos.

Continuamos nuestro trabajo de traducción de grandes clásicos de la cocina italiana en dos periodos históricos muy significativos, il quattrocento e l'ottocento.

¿Porqué el Maestro Martino?

El quattrocento representa dentro de la historia de la humanidad llamada "occidental", es decir, Europa, el punto álgido de dominación política de la iglesia católica apostólica antes de su primer cisma, el del hombre, el renacimiento. El Maestro Martino vivió, siendo un poco más mayor, la misma época  que Leonardo da Vinci (quien también gustó de escribir de cocina y nos dejó el ahora llamado Codex Romanoff, datado en torno al 1490, unos treinta años más tarde que el que nos ocupa).

Para iniciarse, este libro 
de la Editorial Planeta.

El Maestro Martino es sin duda un hombre del renacimiento, aunque daba de comer a, seguramente damas también, y caballeros que todavía ya andaban en la edad media, el clero. Por lo que llevamos traducido, no tenemos ninguna duda para afirmar lo que hemos dicho. En la edad media, el gusto por el jengibre estaba muy extendido. Con el jengibre se consigue frescor en la boca y ligereza en el aliento. Sus propiedades balsámicas son también conocidas desde muy antiguo, suaviza la garganta y relaja el sistema respiratorio. Y estamos seguros de que son muchas más las ventajas de este tubérculo picante y fresco. Aunque hay paladares que no lo toleran (como el nuestro, lo reconocemos). El capítulo III del "cocquinaria" del Maestro Martino, dedicado a las salsas, nos hizo evidente lo del jengibre, podéis ver que no son pocas las recetas propuestas con este ingrediente. Un cocinero no hace eso... Un cocinero no utiliza tan prolijamente un mismo ingrediente a no ser que esté "de moda" y tenga que gustar a sus comensales de paladares habituados. ¿Qué hace Martino? Pone jengibre en casi todas las salsas porque la salsa es uno de esos componentes del plato de los que puede prescindirse cuando el asado (o lo que se tercie) está bueno, y esto suele ser cuando está bien hecho...  Lo que nos gusta del Maestro Martino es que hoy en día sigue teniendo muchos méritos para ser maestro. Gracias a él hemos conocido un buen número de usos y beneficios de la vid, más allá del fruto maduro y de sus vinos y derivados: hemos conocido el agraz, muy utilizado todavía en la actualidad en la cocina alemana y francesa, por ejemplo, de hecho no es difícil en estos países hacerse con agraz en el mercado; hemos conocido el uso de las pámpanas (hojas tiernas de la vid) como ingredientes, también de los zarcillos (esos tallos tiernos y anillados con los que la planta se agarra a sus asideros. El Maestro Martino es un cocinero con buena mano, muy dentro del sistema (trabajaba para el camerlingo del papa de Aquilea), no tiene formación... su lenguaje es a veces parco y otras incluso redundante, sin estilo, escribe en vulgo, que es un italiano antiguo mal escrito y mal hablado (el equivalente a lo que sería en España el latín vulgar que dió paso a las lenguas romances, si no nos equivocamos...). En fin, retomemos el hilo que no queremos perder, se sabe poco de él, tenemos su libro... Nuestras conclusiones son más bien elucubraciones, este es un dato que nos gustaría que se tuviese muy en cuenta a la hora de juzgar nuestro atrevimiento al imaginarnos la personalidad de este cocinero (traducir es lo que tiene... requiere de una cierta empatía) Parece ser que al Maestro Martino se le reconoce la autoría de sus recetas, que no se dedica a recopilar... Esto nos cuesta creerlo, precisamente por lo que decíamos antes, era cocinero de alguien a quien seguramente le apetecería comer alguna cosa que le hubiera dado su madre cuando era pequeño, él mismo también habría comido de pequeño algo que alguien le hubo dado, seguramente su madre también... Es imposible que las cosas surjan de la nada. En El Caracol Picante no creemos en iluminaciones divinas, y tampoco somos mitómanos... Y dicho esto, y a pesar de ello, si así fuera, si el Maestro Martino fuese un alma blanca que espera la visita de "la idea" para inventarse sus recetas, a él le deberíamos por ejemplo los buñuelos (a los que tiene dedicados un capítulo entero que ya traduciremos cuando terminemos con las tartas que ahora nos ocupa) o un estilo de estas tartas que hoy en día siguen realizándose en plan fácil con masa quebrada, aunque hayan cambiado sus fórmulas para el relleno (se han dejado de usar algunas grasas animales, fundamentalmente). Con las recetas antiguas hay que saber poner la distancia, pero eso es lo divertido para un cocinero ¿no?


¿Porqué Artusi?

"La ciencia en la cocina
El arte de comer bien"

Del ottocento nos ocupamos a través de Artusi que es un hombre que como cocinero escritor también se adelantó a su época... Y también le fueron reconocidos en vida sus méritos. Él sin embargo, es un hombre ilustrado, de su época, seguramente sencillo, pero muy honesto y sincero al contar (se hace evidente al leerle). Las técnicas de sus recetas son objeto de los talleres de cocina que desde El Caracol Picante vamos proponiendo, cada vez con más aceptación y a nuestro ritmo (somos caracoles), y muy conscientes de estar fuera de cualquier circuito, tendencia, moda y preferencia en el sector. Nosotros apostamos por el exquisito paladar de la cocina clásica, no podemos evitarlo; pero necesitamos reivindicar la buena factura, la elaboración correcta, y de eso Artusi es un muy buen ejemplo y muy accesible, por cierto. Cómo decirlo, tiene buen buen gusto y sobre todo la textura correcta, que cuando se habla de textura en cocina clásica se habla del punto justo de cocción o frescura para que el alimento sea tal. Como bien escuchamos en un feliz momento, podría resumirse así lo que decimos, lo frío, frío y lo caliente, caliente. Pero no se trata de ser muy estricto, hay muchos productos susceptibles de diferentes técnicas y procesos, por eso se trata de conocer bien por un lado la técnica y por otro el producto y después pues, la verdad, lo que entra en juego es el propio gusto para elegir la que más te apetezca, que siempre será lo mejor... Es decir, y por volvernos muy gráficos otra vez, si hay paladares que no saben comer la carne más que muy hecha, qué bueno sería que supiesen cuales son las carnes que admiten ese punto (pero este es un tema del que no quiero hablar).

Los del caracol picante, somos cocineros que no pertenecemos a grupos o tendencias aunque sí nos podamos sentir identificados con algunas, pensamos en el slowfood, el kmO, el kaiseki, la vieja cocina de mercado (porque si te vas hoy al mercado hay a veces más oferta de fuera que de la tierra en la que vives), ¡cómo no va a estar el mundo en crisis, si llevamos empeñándonos desde hace siglos en rutas comerciales cada vez más rápidas! Pero no hay crisis malas. Cada vez más se demanda lo que se está dando en llamar "comida de la abuela" "para que todos nos entendamos"... Aunque ya hayan llegado a abuelos los de la generación que ya solo compran si las cosas están empaquetadas, estamos de acuerdo que hablamos de "la cocina en peligro de extinción". Y puestos a recuperar... ¡recuperemos lo bueno!

Nosotros queremos hacer notar que son muchas las cosas buenas que se han conseguido últimamente en las cocinas en cuanto al poder nutritivo de las cosas hechas correctamente o, incluso, no cocinadas. Por todos es sabido que, por ejemplo, la mejor forma de cocinar una buena seta es "tocarla" lo menos posible, en el caracol, por ejemplo, no conocemos una forma mejor de comernos un buen boleto fresco y reciente que en carpaccio.

Las combinaciones de los alimentos y sus proporciones para obtener los hidratos, las vitaminas y las proteínas necesarias son otros factores muy interesantes a tener en cuenta a la hora de escoger un plato o un menú equilibrado, así como el momento en el que se va a comer... En el caracol, lo que hacemos es interpretar la cocina clásica (porque un cocinero es un intérprete) y proponer sus técnicas para asar, guisar, marinar o lo que se tercie como la base de unos platos que hoy han de comerse de acuerdo a esos conceptos de salubridad y nutrición que la ciencia nos aporta. Ni que decir tiene, que caben también algunas aportaciones de la técnica y la mecánica aplicada a la cocina para agilizar algunos procesos (y estoy pensando en los helados, por ejemplo).
Llegados a este punto, comprendemos que os preguntéis porqué todo esto. No podemos evitarlo, nos gustan las cosas bien hechas, como a todo el mundo...

Hay cosas que son incuestionables y el punto de cocción adecuado no es necesariamente el que recomiendan muchos "abuelos" y "abuelas" desinformados... El efecto de las vitaminas ingeridas al morder una judía fresca es muy evidente, los guisantes frescos crudos están tan ricos que deberían ofrecérselos a los niños en lugar de las tan perniciosas "chuches". Por lo general, a la gente que come más verdura cruda se la ve más guapa, más joven y tienen mejor humor. La cocina al vapor es mucho más saludable que la cocina de los hervidos. Ya Artusi en su tiempo se hacía eco al hablar del caldo de las entonces "nuevas" teorías médicas en cuanto a las propiedades nutritivas de los alimentos perdidas  en las largas elaboraciones... Los principales problemas de las intolerancias alimentarias (lactosa, gluten, por ejemplo) son los consecuentes trastornos para digerir ácidos, asumir minerales, etc, por la debilitación del sistema gastrointestinal. Entonces, cuando se sabía menos de esto (en la época de las abuelas) se tendía a cocinar mucho hasta dejar pasadas las legumbres, los granos, las verduras, los pescados, las carnes... todo. Y como pasa en todas las épocas hay cocineros con mejor información que otros, igual que las abuelas. Desempolvar viejos recetarios sin prejuicios y buscar en ellos lo que nos es útil todavía hoy está siendo una búsqueda mucho más fructuosa para nosotros de lo que nos habríamos imaginado... 


In Memoriam, Santi Santamaria i Puig (1957 - 2011)


Estábamos hace unos días, en una reunión de trabajo, los dos redactores del caracol bromeando sobre la necesidad de escribir uno de esos librillos de autoayuda y habíamos conseguido casi quorum con el título: "Guía práctica para sobrevivir profesionalmente cuando se sale de la escuela de hostelería"; y a pesar de lo extenso de su nombre, veíamos la necesidad de añadirle un subtítulo. Uno pensaba que debería ser el de "O cómo hacerle la vida más sencilla a tu jefe de cocina" y el otro se decantaba por este "O cómo hacerle la vida más fácil al chef". Los dos estamos de acuerdo en llamarse jefe de cocina y no chef, pero dado que lo que pretenderíamos con este panfleto sería venderlo como churros quizá el tan manido término francés nos sería de ayuda para nuestros propósitos comerciales... Ahí se quedó la cosa.

Hoy nos merendamos con la lamentable pérdida del jefe Santi Santamaría. No hemos tenido el honor de trabajar a sus órdenes, pero indirectamente, gracias a nuestro primer jefe de cocina de verdad (al cual le mandamos desde aquí un abrazo, Ramón) y que nos llegó directamente del Sant Celoni de Madrid, sabemos que algo de él hay en nosotros. Era grande, grande es su legado y seguramente de grande ha muerto. Aquí os linkamos su último post que habíamos leído y con su lectura comprenderéis nuestras palabras anteriores.
Y en lo que redactábamos éste nuestro homenaje, estas son las palabras que le han dedicado al maestro en su propio blog.



El año nuevo nos ha traído un regalo y éste es nuestro agradecimiento, Juan

Recientemente hemos corregido una mala configuración en El Caracol Picante que impedía a otros caracoles compartir sus opiniones con nosotros, valgan aquí nuestras disculpas para quienes lo hayan intentado en los últimos meses... Y caer en la cuenta, nos ha permitido quitarnos el traje de "la soledad del corredor de fondo"... (vaya ésta dedicada a cinéfilos entendedores).

Hoy es el primer lunes del año. Un día que lleva en el número de su nombre el iniciático tres pitagórico, por cierto. Afortunadamente este año ha habido tiempo para el descanso a los excesos en nombre del compromiso... Yo ya tenía ganas de incorporarme "a las cosas de los días", como diría aquel.


Mira tú que ayer un amigo anduvo paseando por nuestras entradas, se dejó llevar por el ritmo del caracol y nos dedicó una importante parte de su tiempo dejándonos además estos regalos con sus palabras que a continuación compartimos con todos, que son más de tres y de cuatro los rastros de sus "babas"...

Hemos sabido que consiguió felices resultados cuando se puso a hacer mazapán... Nos ha dejado una interesante información a cerca de la cebolla... Se trata de un seguidor del caracol que es vegetariano... Está de acuerdo con nosotros de que ésta, para hacer mostaza, es una gran receta... Y también le gustan nuestras humildes fotos de florecillas... ¡Qué majo, Juan! ¡Y Francesc, Xesco, Los5mejores, José Edgardo, Alma Nake, Silvia, Rafa, Capi, Adan, Margot, Nure Aarras, Yasmina,  Ángeles, Peter, "Mollando Pan", "ad bat", "Anónimos" y tantos otros que lo hayáis intentado pero por nuestro error no hayáis podido escribirnos unas letras...! Feliz año nuevo.

"El espíritu del caracol" (Taller de Artusi: Menú para fiestas, 2010)

Voy a ser fiel al "espíritu del caracol", describiendo una de mis últimas experiencias con la cocina de Artusi. He realizado un taller con un grupo de amigos a los que les he ido cocinando el siguiente menú para que tomen ideas para sus fiestas. Y cual es el "espíritu del caracol", pues leer e interpretar..., sin más palabras que las justas, que ya se sabe lo del buen entendedor...

Taller de Artusi:
MENÚ PARA FIESTAS (2010)

· Sopa rellena (versiones)

Entrantes:
· Bacalao Monteblanco (versiones)

Fiambre:
· Lengua escarlata (para sorprender con sencillez)
ó
Pastel de liebre (para impresionar con virtuosismo)

· Pescado marinado en vinagre y sapa
en Ensalada
(salmón, lenguado, o anguila)

· Lomo asado en leche con salsa trufada
(de cerdo ibérico, de ternera lechal)
ó

Postres:
· Zorama
(helado marmorizado)
· Milhojas de mazapán

El menú está elaborado a partir de “La Ciencia en la cocina y el Arte de comer bien” del cocinero toscano Pellegrino Artusi (s. XIX). Todos los participantes reciben un dossier con las recetas traducidas impresas. Se asiste a la elaboración de las recetas y sus preparaciones necesarias (arrope, salsa trufada, especias finas, mazapán...). Se dan ideas para su emplatado y se degustan.
 
Aproximadamente la mitad de las recetas de las que se compone el menú las había traducido ya y las tenía en el blog desde hace meses (están enlazadas), las otras las traduje específicamente para el taller y las comparto aquí abajo. Confieso que, en el taller, la única preparación que hemos evitado ha sido la masa de hojaldre (hemos sido prácticos), pero no me he resistido a compartir la traducción de la receta en "La Ciencia en la cocina y el Arte de comer bien"... Solo quiero añadir una cosa: ¿conocéis esa sensación después de un servicio en el que todo ha ido bien? ¡Qué agusto que me he quedado...!
La selección de las recetas obedecía a estas ideas de principio, que fuese un menú asequible tanto económicamente como de complejidad en la elaboración y en la obtención de los ingredientes, que contuviese técnicas poco conocidas y que dieran a conocer la singularidad del autor y su texto.
Para esta nueva entrada del blog, he querido superar estas ideas y proponer dos elaboraciones complejas del Artusi como opciones, me refiero al Chuletón de buey relleno asado (cuya traducción compartiré en el siguiente post a éste) y al Pastel de liebre  (recientemente traducido en el post anterior) al cual complementaré en nuevos post con las recetas en él referidas, como ha venido siendo mi habitual forma de trabajo. Esta última receta contiene esos viejos sabores de una época ya olvidada y que vale la pena rememorar en ocasiones especiales, ¿no?
· ARTUSI: 372. Pastel de liebre

· ARTUSI: 551. Cerdo asado en leche (del capítulo “Asados”)

Coged un trozo de lomo de cerdo de aproximadamente 500 gramos, saladlo y ponedlo en una cacerola con 2 ½ decilitros de leche. Cubridlo y hacedlo hervir despacio hasta que se haya consumido la leche, entonces subid el fuego para dorarlo y, obtenido esto, colad la grasa y retirad la pieza de carne para añadir en esos grumos de leche coagulada un chorro de leche fresca.

Mezclad y llevadlo a ebullición, y utilizadlo para untar lonchitas de pan, un poco tostadas, para servirlas de guarnición al cerdo cuando lo mandéis caliente a la mesa. Cocinado así el cerdo queda de gusto delicado y no es pesado.

· ARTUSI: 136. Salsa trufada (del capítulo “Salsas”)

Haced un picadillo muy triturado con un trocito de cebolla como una nuez de grande, medio diente de ajo y un poco de perejil. Ponedlo al fuego con 20 gramos de mantequilla y cuando haya tomado color añadid dos dedos de marsala o de vino blanco en el cual habréis desleído antes una cucharadita colmada de harina. Condimentad la salsa con una pizca de sal, una de pimienta y una de especias y removedla constantemente con el cucharón.

Cuando la harina haya ligado, añadid un poco de caldo y después echad en esta salsa lonchas finísimas de trufa. Dejadla todavía un momento al fuego y utilizadla para acompañar chuletas de ternera fritas, bistecs u otra carne asada.

Os advierto que el vino, como condimento, no se lleva bien con todos los estómagos.


· ARTUSI: 774. Zorama (helado marmorizado) (del capítulo “Helados”)

Si os apetece hacer un helado, marmorizado en blanco y negro, esta es la manera:
Primeramente poned en remojo en agua fresca tres hojas de cola de pescado y entretando preparad una crema con:

100 gr. de azúcar. 80 gr. de chocolate en polvo. 3 yemas de huevo. 3 dl. de leche.

 Cuando esté fría añadidle las tres claras montadas y después 150 gramos de nata montada, como la que preparan los lecheros, mezclando de manera que el blanco de ella aparezca esparcido aquí y allá. Después disolved al fuego en un chorro de agua las tres hojas de cola de pescado y este líquido así caliente esparcidlo sobre la mezcla removiendo. Entonces vertedlo en el molde de helados o en otro vaso mojado con licor y cerrado herméticamente, teniéndolo durante tres o cuatro horas rodeado y cubierto con mucho helado mezclado con sal.

Puede ser suficiente para ocho personas.

· ARTUSI: 566. Milhojas de mazapán (del capítulo “Pastelería”)

Haced una masa de hojaldre con las proporciones y cantidades del nº 154.

Cuando esté extendida, cortadle dos grandes círculos del tamaño de un plato común, con grandes festones en los bordes.

Encima de uno de ellos, dejando un poco de margen, extended la masa del mazapán del nº 579, que debería quedar con una altura de un centímetro aproximadamente; después superponedle el otro círculo de masa de hojaldre, uniendo los bordes con un dedo mojado en agua. Dorad la superficie del hojaldre con yema de huevo, cocedla al horno o en un horno de leña y después espolvoreadla con azúcar lustre. Esta cantidad será suficiente para siete u ocho personas y veréis cómo este dulce será muy apreciado por su delicadeza.

· ARTUSI: 154. Masa de hojaldre (del capítulo “Masas y rebozados”)

La belleza de esta masa está en que, al subir, se deshoje bien y quede ligera, por lo tanto es de difícil factura para quien no tenga mucha práctica. Sería necesario verla hacer a un maestro capaz; pero no obstante procuraré enseñárosla lo mejor posible, si soy capaz.

200 gr. de harina fina o de Hungría. 150 gr. de mantequilla.

O si no:

300 gr. de harina. 200 gr. de mantequilla.

Trabajad en invierno la harina con agua caliente, pero no hirviendo; sal al punto, una cucharada de aguardiente y una nuez de mantequilla, retirándola de los mencionados 150 ó 200 gramos. Cuando tengáis formado un pan no demasiado sólido ni demasiado ligero, trabajadlo muchísimo, media hora por lo menos, primero con las manos, después tirándolo con fuerza contra la mesa de trabajo. Haced un pan rectangular, envolvedlo en un paño y dejadlo un poco en reposo. Entretanto trabajad la mantequilla, si está dura con una mano mojada en agua sobre la mesa de trabajo para dejarla pastosa y tierna por igual; después formad un pan como el de la harina y echadlo en un cántaro de agua fresca. Cuando la masa haya reposado retirad la mantequilla del agua, secándola con un paño y enharinándola muy bien.
Estirad la masa con el rodillo solo lo necesario para envolver la mantequilla dentro del pan. Ésta se pone en el medio y se le echan encima los lados de la masa uniéndolos con los dedos y procurando que se adhiera a la mantequilla por todas partes de manera que no quede aire entremedias.
Comenzad entonces a estirarla primero con las manos, después con el rodillo reduciéndola la primera vez todo lo que podáis, cuidando de que no se salga la mantequilla. Si esto ocurre echad enseguida, donde aparezca la mantequilla, un poco de harina y espolvoread también a menudo la mesa de trabajo y el rodillo para que la masa se deslice y se extienda debajo de éste. A continuación de la primera extensión, plegad la masa en tres, como estarían tres hojas superpuestas y de nuevo extendedla con un discreto grosor. Esta operación repetidla durante seis veces en total, dejando de gesto en gesto reposar la masa durante diez minutos. A la última, que sería la séptima, plegadla en dos y reducidla al grosor que se necesite, es decir, algo menos de un centímetro.
Efectuado este último pliegue, procurad dar a la masa, cada vez que la tiréis, la forma rectangular, tres veces más larga que ancha, y si apareciesen burbujas, por el aire que haya quedado, agujereadlas con un alfiler.
Mejor que una mesa común de trabajo, serviría una tabla de mármol que es más fría y más lisa.
En verano es necesario el hielo, tanto para endurecer la mantequilla antes de trabajarla, como para estirar mejor la masa, lo cual se consigue pasando el hielo, cuando sea necesario, sobre la masa misma dentro de un paño muy fino o, mejor puesta entre dos platos cubiertos de hielo. Con la masa de hojaldre se hacen, como sabéis, los vol-au-vent, los pasteles con mermelada o conserva, y tartas rellenas de mazapán. Si queréis hacer pasteles para entremeses, entonces rellenadlos con un picadillo delicado de carne, higaditos y mollejas; pero de todas las formas estas masas van doradas con yemas de huevo en la superficie pero no en los bordes para no impedir que suban. Si se usan para dulces, espolvoreadlas calientes con azúcar lustre.

· ARTUSI: Mazapán (extracto de la receta nº 579 del capítulo “Pastelería”)

120 gr. de almendras dulces, peladas, con tres amargas. 100 gr. de azúcar. 15 gr. de mantequilla. 15 gr. de naranja confitada. Una yema de huevo.

Triturad en el mortero las almendras con el azúcar, añadid después la naranja a trocitos, y con la mantequilla, la yema de huevo y una cucharada de agua hacedlo todo una masa.




VINO DE NUECES


Mi muy recordada vecina Herminia en La Azohía me enseñó, un pasado verano esta receta tradicional murciana a la que también creo que llaman Vino Viejo y que sin duda merece la pena probar. He sabido que también se hace en Aragón, por lo que me reafirmo en mis teorías sobre la intensa comunicación e intercambios que hubo entre ambas comunidades en siglos de conquistas y reconquistas para arriba y para abajo por la península, dos comunidades que hablan el diminutivo "-ico".


Se trata de un vino dulce que se prepara el día del solsticio de verano (que coinicide con las fiestas de San Juan), para consumirse en el solsticio de invierno (fiestas navideñas). Para su elaboración se utilizan unos cuatro litros de buen vino blanco mediterráneo, los blancos españoles del mediterráneo son buenísimos y no se prodigan, quizá porque donde mejor se beben es junto al mar. Al vino se le añade entre dos y tres kilos de azúcar (a gusto) que se va removiendo hasta conseguir su máxima disolución. Finalmente se incorporan unas cinco o seis nueces verdes con cáscara, justo como están el día de San Juan en los nogales en verano -se recomienda recoger este fruto al amanecer, antes de que lo calienten los rayos del sol-; así que busquemos un nogal y madruguemos. Nosotros añadimos entonces unas hojas tiernas de limonero, cada cual que aromatice, o no, su vino viejo como prefiera arriesgarse. 


Ha de guardarse oscuro, bien cerrado y evitar envases porosos (metálicos o de plástico), mejor en bodega y removerse cada vez que nos acordemos, para facilitar la disolución. Es un delicioso vino dulce que acompaña perfectamente cualquier postre navideño, que es cuando se toma. Nuestro más cálido agradecimiento a Herminia y su marido Enrique, gran aficionado a la agricultura y a la guitarra, que tanto nos enseñó de huerto y agua.