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ARTUSI: 614. Offelle de mermelada


Molde de las Offelle de Mermelada

La palabra offella, en este significado, es del dialecto romagnolo(1) y, si no me equivoco, también del lombardo, y debería derivarse de la antiquísima offa, (torta, aplastada) hecha de farro y también de algunas otras cosas. Dar l'offa al cerbero(2) es una frase que tiene el mérito de la oportunidad hablando de esos, y hoy día no son pocos, que buscan algunas cargas a fin de tener una forma de recibir y comer de la hacienda pública a cuatro mandíbulas. Pero volvamos a las offelle, que será mejor.

500 gr de manzanas rojas. 125 gr de azúcar. 30 gr de acitrón. Dos cucharaditas de canela en polvo.

Cortad las manzanas en cuatro gajos, peladlas y retiradles el corazón. Cortad estos gajos en lonchas tan finas que podáis ponedlas al fuego en una cacerola con dos vasos de agua, rompiéndolas con el cucharón.
Este tipo de manzana es de carne dura y para cocerla necesita agua; es más, si cociendo quedasen demasiado secas, añadidles un poco más. Esperad que estén deshechas para echar el azúcar y después pobrar si el dulce es justo, porque las frutas, en general, dependiendo de lo maduras que estén, pueden ser más o menos ácidas. Por último, añadid el acitrón a trocitos y la canela.
Servíos de la masa quebrada nº 589 en la cantidad de la receta A, extendedla con el rodillo con el grosor de un escudo y cortadla con el molde redondo y festoneado como el indicado; un disco debajo y otro encima, este último sacado con el rodillo rizado, y en medio la mermelada, humedeciendo los bordes para que se peguen. Dorad las offelle con yema de huevo y mandadlas al horno, espolvoreándolas después con azúcar lustre.


(1): dialecto de Romaña (N. de la T.)
(2): Literalmente Dar la torta a Cerbero, el can (N. de la T.)

ARTUSI: 195. Crescioni (Empanadillas de espinacas*)

Porqué se llaman crescioni y no tortelli de espinacas vete tú a saber: Sé que se hierven unas espinacas según el uso común, es decir sin agua y, bien esprimidas, se ponen cortadas groseramente, húmedas con un sofrito de aceite, ajo, perejil, sal y pimienta; después se les agracian con un poco de sapa(1) y con uva seca, a las que se les han quitado los pipos. A falta del sapa y de la uva seca se sustituye con 


azúcar y uva pasa. Después estas espinacas, así condimentadas, se cierran en la masa simple nº 153 ligada con alguna gota de aceite, estirada en una hoja muy fina y cortada con un disco aproximadamente como el señalado en esta página.
Estos discos se doblan en dos para hacerlos tomar la forma de media luna, se aprieta bien el pliegue y se fríen en aceite(2). Sirven de entremés.


(*): El "crescione" ("crescioni", en plural) es el berro (berros). En la región de Romaña se llaman crescioni(2), efectivamente a estos tortelli, o empanadillas que se rellenan de hierbas. La propuesta de Artusi de las espinacas entra dentro de los ingredientes que se requieren para elaborarlos, así como la de los berros... seguramente se encuentre aquí la respuesta a esa pregunta que se hacía el autor (N. de la T.) 
(1): Arrope toscano (N. de la T.) 
(2): Hoy día nos resulta mucho más atractiva, en lugar de la fritura en aceite, la propuesta de la cocción en plancha de hierro que hemos encontrado en el enlace al blog "...tanto per mangiare..." -que repetimos. (Notas del caracol).

ARTUSI: 8. Tortellini a la italiana (Agnellotti)

Aproximadamente 300 gr. de chuleta de cerdo del lomo. Un seso de cordero o medio de bestia más grande. 50 gr. de tuétano de buey. 50 gr. de parmesano rallado. 3 yemas de huevo y, de ser necesario, añadid una clara. Aroma de nuez moscada.


Disco para los Tortellini

Deshuesad y desengrasad las chuletas de cerdo, y después ponedlos a cocer en una cacerola con mantequilla, sal y una pizquita de pimienta. A falta de cerdo puede servir 200 gr del magro de pechuga de pavo, cocido de la misma forma. Machacad o triturad muy fina la carne con la media luna; después añadidle el seso hervido y pelado, el tuétano crudo y todos los demás ingredientes, mezclándolos bien.
Entonces los tortellini se envuelven en una hoja como la de los capelletti y se pliegan de igual manera, lo único que éstos se hacen bastante más pequeños.







ARTUSI: 7. Cappelletti al estilo de Romaña

Se llaman así por su forma de sombrero(1). Este es el modo más sencillo de hacerlos y que resultan menos dañinos para el estómago.

180 gr. de ricotta(2) o media ricotta y medio queso raveggiolo(3). Media pechuga de capón cocida en mantequilla, condimentada con sal y pimienta, y triturada fina fina con la media luna. 30 gr. de parmesano rallado. Huevos, uno entero y una yema. Aroma de nuez moscada, pocas especias, cáscara de limón a quien le guste. Una pizca de sal.

Probad la mezcla para poderla corregir en su caso, porque los ingredientes no son siempre iguales. A falta de pechuga de capón, suplidla con 100 de magro de cerdo, del lomo, cocido y condicionado de la misma forma.
Si la ricotta o el raveggiolo fuesen muy blandos, no incorporéis la clara de huevo o añadid otra yema si la mezcla quedase demasiado sólida.
Para cerrarlo haced una hoja más bien suave de harina trabajada con sólo huevos sirviéndoos incluso de alguna clara que tengáis, y cortadla con un disco redondo del tamaño de éste indicado en esta
Disco para los Cappelletti

página. Poned la farsa en medio de los discos y plegadlos en dos formando así una media luna; después coged las dos extremidades de la misma, plegadlas juntas y tendréis el cappelletto hecho.
Si la hoja se os reseca en la mano, mojad con agua con un dedo los bordes de los discos. Esta menestra para hacerla más agradable de sabor pide el caldo de capón, de ese animal tarumba que por sus bondades en la solemnidad de Navidad se ofrece en holocausto a los hombres.
Coced entonces los cappelletti en su caldo como se hace en Romaña, donde encontraréis en ese día citado héroes que se jacten de haber comido cientos; pero se da el caso de reventar, como le ha ocurrido a un conocido mío. Para un comensal discreto son suficientes dos docenas.
A propósito de esta menestra os narraré un acontecimiento, si queremos de poca importancia, pero que puede dar argumento para reflexionar.
Tenéis entonces que saber que de calentarse los cascos en los libros, los señores de Romaña no quieren saber nada, quizá porque desde la infancia los niños se acostumbran a ver a los padres en cualquier otro intento menos el de hojear libros y quizá también porque, siendo un pueblo donde se puede gozar de la vida con poco, no se crea necesaria tanta instrucción; por tanto el noventa por ciento, a decir poco, de los jovenzuelos, cuando han hecho la enseñanza media, se tiran al pozo, y podéis tener un buen ronzal que no se mueven. Hasta este punto llegaron con el hijo Carlino, marido y mujer, a un pueblecito de la baja Romaña; pero el padre que se las daba de progresista, para poder dejar al hijo suficientemente provisto, habría deseado hacer de él un abogado y, quién sabe, quizá incluso un diputado, porque de uno a otro el paso es breve.
Después de muchos discursos, consejos y contrastes en familia se decidió la gran separación para mandar a Carlino a continuar los estudios en una gran ciudad, y como Ferrara era la más cercana fue por esto escogida. El padre lo condujo, con el corazón hinchado de congoja habiéndolo debido arrancar del seno de la tierna mamá que lo mojaba de llanto.
No había pasado todavía una semana entera cuando los padres se habían puesto sobre la mesa una menestra de cappelletti, y después de un largo silencio y de algún suspiro de la buena madre se desbordó:
- ¡Oh, si estuviera nuestro Carlino que le gustaban tanto los cappelletti!- Apenas habían sido proferidas estas palabras se sintió llamar a la puerta de la calle, y después de un momento, apareció Carlino lanzándose felizmente en medio de la sala.
- ¡Oh, caballo de retorno!, -exclama el abuelo- ¿qué ha pasado? -Ha pasado -respondió Carlino- que el pudrirse encima de los libros no es asunto para mí y que me haré cortar a trozos antes que volver a aquella cárcel-. La buena madre regocijada de alegría corrió a abrazar a su hijito y dirigiéndose a su marido: -Déjalo estar, dijo, mejor un asno vivo que un doctor muerto; tendrá bastante de lo que ocuparse con sus intereses-. En efecto, desde entonces en adelante los intereses de Carlino fueron un fusil y un perro de caza, un fogoso caballo pegado a un bonita silla y continuos asaltos a las jóvenes agricultoras.


(1): cappello, en el original (N. de la T.)
(2): parecida el requesón (N. de la T.)
(3): queso fresco de leche de oveja o de cabra que se presenta enpequeñas porciones aplastadas (N de la T.)